martes, 11 de noviembre de 2008

Bisexualidad transgénero: cuando la dicotomía se quiebra



A quienes me visitan, (seguramente, muy pocas personas, jajajaja) quiero presentarles un muy importante artículo que fundamenta y da luces sobre la condición de la mujer transgénero y que por supuesto, dice mucho de mi propia existencia y de mi posición frente al tema.

Hazel Gloria Davenport Fentanes*


Las personas transgénero que crecimos en la década de los 70s fuimos impactadas por la noticia de la reasignación sexual de la tenista Renee Richards y de los rumores de una cirugía similar en la cantante Amanda Lear. En ese tiempo se concebía a la transexualidad como una modificación mas genital que anatómica, y como la puerta quirúrgica a una heterosexualidad normalizante, idea que también llevó al mito de que una mujer solo puede existir a través de la posesión de una vagina, sea genética o quirúrgica.


Afortunadamente la idea comienza a disiparse gracias a dos sucesos: los avances en las teorías de género basadas en el feminismo en gran parte (Género en el Planeta Tierra. de Ann Oakley) que apuntan hacia una construcción de género en proceso de reafirmación constante y mas allá de las concepciones de un género modelador primario, como creía John Money, y el empoderamiento corporal de mujeres transexuales que desean conservar sus genitales y su derecho al placer y a la pareja, esto principalmente manifestado entre trabajadoras sexuales.

La idea de un género como una construcción sociocultural en constante impacto modelante sobre la persona y sus ritos de reafirmación de identidad a través de adhesiones a estereotipos, ha llevado a desgenitalizar el concepto de mujer u hombre, lo que ha logrado incorporar al activismo transgénero europeo a lograr en los recientes proyectos de leyes de identidad de género, visiones que apuntan al reconocimiento legal del género e incluso del sexo más allá de la presencia de un diseño genital. Esto ha permitido a mujeres y hombres trasnsexuales lograr su identidad de género y su reconocimiento sexual mas allá de una cirugía de reasignación genital, y ha abierto la puerta a nuevos matices de la transexualidad que van más allá de una copia quirúrgica de un sexo opuesto, hasta el rompimiento del concepto con experiencias como la paternidad de Thomas Bailey, hombre transexual que se negó a ser histerectomizado y dio a luz a su hija Nancy hace unos meses.

En el plano del discurso del derecho al placer y al cuerpo, han sido las trabajadoras sexuales transgenéricas y transexuales las que han comenzado a generar una nueva visión de una transexualidad no transgenitalizada, la vivencia corporal del orgasmo de una mujer con pene y con sus funciones sexuales inalteradas tanto por su voluntad como por la demanda laboral del cliente pasivo.La "Gallina" o cliente pasivo es el principal consumidor del trabajo sexual transgénero en México, y representa la razón por la que muchas mujeres transgénero y transexuales conservan intactas sus funciones genitales. Así mismo, muchas de ellas llevan una buena relación con sus órganos genitales e incluso con el placer sexual que estos les generan, y no consideran que poseer un pene y testículos les reste la categoría de mujer, en otras palabras, han logrado separar a la mujer de la hembra biológica a través de una experiencia de vida cotidiana que les permite vivir una sexualidad tanto activa como pasiva, o inter, sin el conflicto que enfrentan algunos hombres que tienen sexo con hombres ante su papel en la relación sexual.

Esta visión, paradógicamente, separa a la mujer transgénero con pene y relaciones activas de los HSH, la concepción está basada en la construcción del género mas allá de la genitalidad y fuertemente anclada a la convicción de la identidad alcanzada y asumida como una realidad tan natural como cotidiana... Son mujeres con un pene, Mujeres...así de simple.

Asimismo, otro sector de mujeres transexuales han optado por una identidad sexual lésbica que les ha permitido vivir una homosexualidad o una bisexualidad con mujeres biológicas, muchas de ellas han tenido incluso hijos, al igual que en el caso del hombre transexual Thomas Bailey. Estas formas de bisexualidad, a veces comprensibles bajo algunos enfoques de los estudios Queer son mas cotidianas y simples de lo que aparentan, y se refieren al derecho de la persona a su propia construcción mas allá de concesiones sociales o de burdas imitaciones de una heterosexualidad reinante y normalizadora, simbolizada por una reasignación genital como requisito para acceder a una ciudadanía por ejemplo.

Mientras que en Brasil y Cuba se comienza a tocar el tema del transgénero y de la transexualidad tanto quirúrgicamente como legalmente, en México la izquierda continúa anclada en las visiones setenteras basándose en la modificación genital como el eje de la identidad de mujer o de hombre, y patologizando socialmente a aquellas personas que en Europa y en las dos naciones americanas mencionadas tienen derecho a la identidad, a la sexualidad y a la salud. Así, en la mente de políticos, sean funcionarios o legisladores del PRD en el DF, la transexualidad se reduce a un presagio de inundación de solicitudes de modificaciones genitales, algo tan grave para ellos que los ha llevado a presionar para dejar fuera de las iniciativas de Identidad el tema de acceso a la salud.

Pero también los alcances del amor y la sexualidad de una persona transexual es vista desde su miopía homofóbica, al pretender obligar a personas transexuales casadas a divorciarse legalmente y a desgarrar a sus familias, por temor a que, de reconocerles una nueva identidad, legalizarían un matrimonio homosexual. Ambas posiciones de una "izquierda" perredista apuntan más a la de furiosos guardianes de los "valores familiares" de la derecha, el obstaculizar con leyendas urbanas la posibilidad de matrimonios homosexuales a través del reconocimiento de la identidad de género de una persona transgenérica o transexual, y el negar el derecho al cuerpo y al placer de la misma con la cobardía de negar el acceso a la salud.

Pero, en el terreno de las cobardías sociales de esta visión, que se ha subrayado con algunas declaraciones bastante peregrinas de que permitir el cambio de nombre a una persona transgénero sería abrir la puerta a que narcotraficantes puedan también cambiar su identidad, o sea que los abogados del Chapo Guzmán quieran que sea ahora la Chapa, lo que demuestran es un deseo de castrar los derechos de una población cuyos votos mendigan, travestidos de identidades legales pero falsas en credenciales electorales.

Sin embargo, las nuevas visiones de una transexualidad bisexual, mas allá de la pesadilla de Foucault de la normalización de la sexualidad a través de los médicos, se viven día a día, en una práctica de personas que no conocen los laberintos de las teorías Queer ni las incongruencias de pseudopolíticos de izquierdas mutantes con apetitos nómadas de un partido político a otro, y cuyos intereses y destinos… no nos importan...


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*Escritora Transexual, periodista y ex trabajadora sexual independiente. Con estudios realizados como mujer en el Instituto de Investigaciones Juridicas de la UNAM, Asociación Mexicana de Salud Sexual y Sexología entre otros, desde el 2006 es docente invitada del Diplomado sobre VIH/SIDA y Respuesta estratégica del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).

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