lunes, 3 de marzo de 2008

Vladimir Luxuria

Vladimir Luxuria, seudónimo de Wladimiro Guadagno (Foggia, 24 de junio de 1965) es activista, política, actriz y personaje televisivo italiano.


Luxuria llegó a Roma en 1985 para estudiar Lengua y Literatura extranjeras e iniciar su carrera de actriz. Comienza también entonces su actividad en el movimiento de los derechos gays y asume en 1993 la dirección artística del Circolo di cultura omosessuale Mario Mieli (Círculo de cultura homosexual Mario Mieli). Dos años antes había conseguido su primer papel en una película Cena alle nove (Cena a las nueve) de Paolo Breccia. A ese debut continúan otras ocho películas. Fue la organizadora de la primera manifestación del orgullo gay en Italia, que se desarrolló en Roma el 2 de julio de 1994 y en la que participaron cerca de 10.000 personas.

Más recientemente, Luxuria ha intensificado su actividad política en defensa de los derechos civiles, colaborando con diversos periódicos y revistas y con la red radiofónica formada por L'Unità, Liberazione y Radio Capital. El público televisivo la ha conocido principalmente a través de sus apariciones en el Maurizio Costanzo Show en el Canale 5 y más tarde en el programa Markette en La7.

En 2006, su candidatura fue incluida como independiente en la lista que Rifondazione Comunista (Refundación Comunista) presenta para las elecciones a la Cámara de Diputados. La candidatura suscitó perplejidad en los sectores conservadores y católicos de L'Unione (La Unión), en particular en los Popolari-UDEUR de Clemente Mastella, que lo definió como una ridícula Cicciolina.

En aquel año, la polémica sobre el "candidato Luxuria" se acentuo a partir de unas declaraciones en las que revela que durante sus primeros años en Roma practicó la prostitución. El último momento de tensión protagonizado por Alexia fue en el programa de debate político presentado por Vespa, en la que la candidata conservadora Mussolini le espetó: "Mejor fascista que maricón".

Un tercer incidente ocurrió cuando un grupo de 15 personas, entre las que se encontraban políticos del partido Alleanza Nationale, la atacó. Le tiraron hinojos (en italiano finocchio, que en italiano también significa "maricón") (AGI). Los políticos en cuestión han sido suspendidos por su partido. Luxuria ha criticado a la policía por la tardanza en actuar.(L'Unita, La Repubblica)

Luxuria se define como "transgénero", es decir, una persona que no se puede reducir al sexo masculino o femenino. No se identifica con la definición de "transexual" porque no ha cambiado quirúrgicamente de sexo. Prefiere que se utilicen pronombres y adjetivos femeninos para describirla.

Ha sido elegida en las elecciones generales del 2006 como diputada por el distrito de Lazio 1 de Roma.

Jenny Bailey

La nueva alcaldesa de la localidad inglesa de Cambridge, Jenny Bailey, tomó posesión ayer de su cargo, que por primera vez en la historia estará en manos de una transexual. Además, su pareja, Jennifer Liddle, asumió el título honorífico de primera dama local.

Jenny Bailey, la nueva alcaldesa de Cambridge (a la derecha) y su compañera, Jennifer Liddle, quien asume el título de primera dama local.

En la histórica Cambridge, hasta ahora la historia la hacían las piedras medievales y el conocimiento aportado por sus ilustres premios Nóbel. Pero Jenny Bailey ha aportado un inesperado hito al convertirse en el primer transexual que llega a una alcaldía británica. Y no sólo eso: se trata de una transexualidad por partida doble, pues quien pasa a tener consideración de primera dama de la ciudad es su pareja, Jennifer Liddle, que también se sometió a un tratamiento de cambio de sexo.Jenny tiene 45 años, y Jennifer 49. Una estudió ingeniería de radio, y la otra ingeniería informática. Se conocieron en sus visitas al médico para someterse a operación hace quince años. Ambas asistieron al ceremonioso acto en el Ayuntamiento de Cambridge de entronización del alcalde número 801 de la población deseosas de no ser tratadas como un estandarte transexual, ya que, según aseguran, cambiaron de sexo no para reivindicar nada sino para intentar llevar una vida normal.

La alcaldesa Bailey, del Partido Liberal-Demócrata, es progenitora de dos hijos, que ahora tienen 18 y 20 años. Los concibió antes de su reasignación, cuando, todavía como hombre, estaba casado y formaba una pareja heterosexual con su esposa. Bailey comenzó a tener dudas sobre su sexo a la edad de los 6 o 7 años. Su confusión creció con la adolescencia, pero no dio el paso final hasta mucho más adelante.«Hay gente que puede tenerme como modelo si quiere, pero lo que las transexuales queremos es desaparecer y llevar una vida normal; no quiero que esto me defina. Cuando pasas por esta experiencia y sales al otro lado, eres simplemente feliz con tener una vida normal y afrontar los problemas normales, lo que supone una maravillosa oportunidad», declaró a The Times.

Asegura que en su carrera política todo esto no ha supuesto ningún debate en su partido, ni tampoco entre los electores que le dieron su confianza. «De lo que hablo –añade Bailey– es del cambio climático, de la promoción de la industria tecnológica y de los barrios. Cuando fui advertida de que los diarios sensacionalistas podrían meterse en mi vida, me sentí como una marciana, viviendo en los años 70 más que en 2007, pero he hablado a mucha gente, y todos han dicho que todo esto no supone ningún problema». La anterior esposa de Bailey, que ha declinado develar su identidad en los medios, ha manifestado que se siente «increíblemente orgullosa» de quien fue padre de sus hijos, el menor de los cuales vive con la recién nombrada alcaldesa y su compañera.

domingo, 2 de marzo de 2008

Georgina Beyer


Primera transexual del mundo en ser elegida diputada. Durante sus dos periodos impulsó iniciativas legislativas a favor de los homosexuales que finalmente se convirtieron en leyes en su país, también participó de una reforma legislativa en favor del trabajo sexual en Nueva Zelanda.

Georgina Beyer (Wellington-Nueva Zelanda, 1957). Bautizada al nacer con el nombre de George y de raza maorí, a los 17 se asumió mujer y empezó a serlo vistiéndose como tal: “destruí todas mis ropas de chico”, recuerda. Esta apuesta identitaria, sin embargo, la condujo a la marginación y a sobrevivir como trabajadora sexual.

Años después, travestida de mujer, se labró una carrera como actriz de cine, teatro y televisión con la que obtuvo varios premios: “participar en películas ayudó a hacer visible la imagen del transexual desde el televisor”, comenta Beyer.

Al final, cansada de interpretar sólo a personajes de vida disoluta, se mudó a Carterton, un pueblo rural, tradicional y conservador, de mayoría blanca. Fue allí cuando escuchó el llamado de la política. Animada por un concejal, en 1992 se presentó a los comicios locales, pero se quedó a 14 votos de un puesto en el ayuntamiento. Al año siguiente ya era edil y, en 1995, nueva alcaldesa de Carterton, logrando más votos que los otros tres candidatos juntos.

Su gestión hizo que el Partido Laborista de Nueva Zelanda le propusiera postular al Parlamento en 1998 y terminó barriendo a su rival del Partido Conservador, que había sido primer ministro del país antes. En el 2002 fue reelegida parlamentaria. Durante sus dos periodos impulsó iniciativas legislativas a favor de los homosexuales que finalmente se convirtieron en leyes en su país, también participó de una reforma legislativa en favor del trabajo sexual en Nueva Zelanda.

Dimitió su tercer periodo como parlamentaria en febrero del 2007 por discrepancias con su partido político.
Transexual, mujer y parlamentaria, Beyer no sólo ha experimentado una doble metamorfosis en la última década. Su vida es una metamorfosis continua: “lo que me ha ocurrido en los últimos 30 años es fruto de haber estado en cada momento en el sitio adecuado. Un tiempo en el que transexuales y gays han experimentado un proceso de transformación y han podido abandonar la marginalidad.

Yo llegé al Parlamento a pesar de ser transexual, no por serlo”, afirma Beyer. Lo cual nos indica que todavía hay mucho trabajo por hacer para una verdadera inclusión de las personas trans en la sociedad, aunque personajes como Beyer son referentes que nos invitan a seguir en la lucha.

(Tomado del Boletín del Secretariado Trans de la ILGA, Año 1, No. 3, Febrero 2008)


La gesta del nombre propio

La gesta del nombre propio. Informe sobre la situación de la comunidad travesti en la Argentina
Berkins, Lohana y Josefina Fernández, coords.Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo, 2005.


El presente libro es resultado de una investigación sobre travestis, transexuales y transgénero realizada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mar de Plata y en las localidades del conurbano bonaerense, durante el año 2005. Aunque por el título estaríamos invitados a pensar que se abordará principalmente el tema de la identidad y las limitaciones para el reconocimiento legal de la misma, esta investigación nos da cuenta de un amplio conjunto de temas.

Las primeras cifras son alarmantes. De la población estudiada fallecieron a causa del SIDA el 62%, cuya larga lista de nombres nos reciben al empezar la lectura. Este grupo tiene un periodo de vida bastante corto puesto que de ese 62%, el 35% tenía apenas entre 22 y 31 años, y entre 32 y 41 años el 34%, es decir, casi el 70% de la población trans muere antes de los 41 años en Argentina por causa del SIDA. Otra causa de muerte recurrente es el asesinato, que constituye el 17% de los motivos de deceso.

Se realiza un recorrido extenso sobre los problemas de violencia que vive la población trans, principalmente aquella que se dedica a la prostitución, sumándose además a este recorrido las denuncias de atropellos hechas en otros países latinoamericanos.


Es de especial relevancia la constatación de Berkins sobre la anonimia en la que caen las personas trans en todos los contactos que tienen con la oficialidad, pues para ésta sólo existen en términos de su biología y no de su identidad. Por ello, hay un subregistro de personas trans debido a que en los documentos oficiales (registros hospitalarios, policiales, legales) sólo se consigna su nombre tal y como figura en su documento de identidad, que no especifica el nombre con el que se identifican ni tampoco su orientación de género.

En cuanto a la salud, para considerar las posibilidades que tiene la comunidad trans de llevar adelante una vida saludable es necesario tomar en cuenta, por un lado, el sistema público de salud con sus posibilidades y limitaciones y por el otro, la lucha por el respeto de derechos que son sistemáticamente vulnerados por el Estado. Las agresiones recibidas en el ámbito de la salud se dan en diferentes niveles. Por un lado no son respetadas por el personal de salud (tanto administrativos como trabajadores sociales, médicos y enfermeras) y más bien son discriminadas. No se respeta la intimidad ni la confidencialidad, lo cual deriva en muchos casos que se les niegue la atención por su condición de travesti. El libro recoge algunas denuncias por discriminación contra hospitales en los que se negó la atención a personas trans, incluso en casos de suma gravedad, provocando hasta la muerte; así como casos de abierta agresividad por su identidad.

El otro aspecto que se desarrolla es la denuncia a los sistemas de educación, por la rigidez de la formación impartida. La mayoría de personas trans que en su corta edad se definen más allá de su sexo biológico abandonan la educación formal debido a las constantes agresiones y marginación que sufren de parte de sus compañeros y compañeras, sin la intervención de las autoridades respectivas.


Apesar de esta difícil situación, el libro nos narra la reconquista de las aulas, en el caso de una persona trans que no se dejó amedrentar y finalmente completó los años inconclusos de su formación básica en una escuela para adultos. Aunque fue primero rechazada, poco a poco se ganó el respeto y la consideración de los demás. Esta experiencia es muy significativa porque demuestra la importancia de la convivencia para combatir ideas preconcebidas sobre aquello que resulta extraño por salirse de la norma pero que es igualmente humano y enriquecedor. Y aunque puede no ser un hecho común en la población trans su conocimiento nos da nuevos impulsos, nuevas esperanzas, nuevas fuerzas para seguir en la lucha por la plena ciudadanía de las personas trans alrededor del mundo.

El libro ha privilegiado los testimonios de las propias protagonistas pero también incluye al final un interesante consolidado estadístico que ilustra sobre las características socioeconómicas de la población. Por ello, hemos considerado valioso difundir esta información esperando que informes similares puedan también ser elaborados desde diferentes latitudes.

(Tomado del Boletín del Secretariado Trans de ILGA, Año 1, No. 3, Febrero 2008)