miércoles, 13 de enero de 2010

Transexualidad: De chico biológico a chica feliz siendo menor de edad


Su familia lo supo desde que era tan solo un chico de cuatro años, pues ya en ese momento para ella era claro que no era un chico sino una niña. Precisamente por ello su familia le acompañó en todo el proceso para cambiar de sexo, para que lograra tener por fin el cuerpo que su mente necesitaba.

La ley parecía estar en contra, se especuló por algunos juristas que no podría hacerlo, pero la familia y la chica, una adolescente ahora de 16 años, siguieron insistiendo en su derecho y por fin lo lograron.

La chica venía recibiendo apoyo emocional hace más de un año, pero por supuesto el apoyo fue más por la necesidad de los especialistas que por la suya propia, porque ella más que nadie sabía y estaba convencida de lo que quería. En sus casi dos años en tratamiento endocrino y hormonal fue el preámbulo para que con posterioridad a la operación la nueva función sexual la chica pueda llevar una vida “absolutamente normal” sin perder su sensibilidad.

La operación corrió a cargo de la empresa de asistencia sanitaria privada Barnaclínic con sede en Barcelona, puesto que la sanidad pública no puede realizar cambios de sexo a menores de edad. Pero este no fue un inconveniente la familia comprendió que conseguir la felicidad de uno de sus miembros no es una gasto sino una inversión y cubrió los costos de la operación de su propio pecunio.

Dicen los especialistas que en la operación, se le reconstruyó la cavidad vaginal mediante la piel del pene; los labios mayores, con el escroto; el clítoris, con una porción del glande y que la sensibilidad se logra manteniendo las terminaciones nerviosas, y que los criterios estético, urinario, sexual y sensible de la vagina se mantienen, garantizó Iván Mañero, jefe de la Unidad de Trastornos de Género del Clínic –el único en Catalunya que realiza operaciones de cambio de sexo en el sector público– y creador del Instituto de Cirugía Plástica Iván Mañero, integrado en el Barnaclínic.

La familia ha logrado un precedente en este caso, pues ha sido la primera en España en pedir una orden judicial para permitir una operación de cambio de sexo para su hija menor de edad. “Quienes trabajamos en las organizaciones -afirmó Manuel Velandia Coordinador general de Decide-T Asociación de Lesbianas, Gay, Bisexuales y Transexuales de Alicante- confiamos en que en poco tiempo cambien los criterios legales para que estas intervenciones puedan llevarse a cabo de forma normal en aquellos y aquellas adolescentes que tienen claro que su identidad sexual no está acorde con su identidad de género y consideran que la práctica de una cirugía de reasignación sexual o de reconstrucción de genitales es su mejor opción“.

Desde el area tran de decideT se ha afirmado que “Cabe destacar que operar a una persona cuando aun es menor de edad y es plenamente consciente de su transexualidad tiene ventajas significativas por cuanto supone “más beneficios” para el menor no solo porque hay menos daño emocional sino especialmente porque en un cuerpo que no está totalmente formado a nivel sexual es mucho más fácil la intervención y mayores los logros estéticos“.

Tras la operación quirúrgica, en la que se le construyó una vagina y glándulas mamarias, la menor ya no requerirá apoyo psicológico, pero sí de tratamiento hormonal femenino -estrógenos- durante toda la vida para prevenir una descalcificación precoz de los huesos, como sucede en las mujeres que tienen la menopausia por el descenso de las hormonas, ha dicho el equipo de profesionales que realizó la operación.



Transexualidad: La primera operación de cambio de sexo a un menor en España dispara la polémica

La semana pasada se ejecutó en España la primera intervención quirúrgica en el Clínico de Barcelona para modificar los órganos genitales de un menor de edad, tras recibir una autorización judicial en noviembre pasado. Se trata de un adolescente de 16 años que declara sentirse mujer desde los 4 y llevaba 2 con un intenso tratamiento psiquiátrico, endocrino y hormonal. La polémica respecto a esta intervención, al margen de las eventuales complicaciones morales de un cambio de sexo, radica sobre todo en el hecho de que el paciente es un menor de edad: ¿a qué edad se es maduro para decidir que uno pertenece al sexo opuesto?

La operación corrió a cargo de la empresa de asistencia sanitaria privada Barnaclínic, puesto que la sanidad pública no puede realizar cambios de sexo a menores de edad. Y el cirujano plástico autor de la intervención, Iván Mañero, manifiesta que su paciente está feliz y asegura que "si ahora creen que una chica de 16 años es madura para abortar las veces que quiera sin decírselo a sus padres, también lo es para someterse a la intervención". Fueron dos horas y media en las que al menor le construyeron una vagina mediante la piel del pene manteniendo las terminaciones nerviosas, y unas glándulas mamarias. A partir de aquí, el tratamiento tan sólo será hormonal con el fin de prevenir una descalcificación precoz de los huesos, pero no psicológico.

La familia del joven ha sido la primera en España en pedir una orden judicial que permita esta operación de cambio de sexo en un menor, del que no quieren facilitar ningún dato que pueda identificarlo, tras ser operado para ser mujer.

Desde el punto de vista ético son muchas las voces que han criticado este tipo de prácticas. Respecto a los cambios de órganos genitales en general, muchos expertos estiman que no puede someterse a un individuo a modificaciones anatómicas que resulten irreversibles. Es una cuestión de libertad: la misma libertad que se ejerce para cambiar de sexo, queda sin embargo anulada para volver al estado anterior. Pero además, en este caso concreto, concurre la circunstancia de que se trata de un menor de edad, y en este terreno los inconvenientes éticos son aún mayores: la transexualidad es una patología extremadamente compleja y resulta temerario aplicar una intervención quirúrgica sin tener la seguridad de que el paciente posee la suficiente madurez psicológica.


Primer cambio de sexo a un menor realizado en España / La FELGTB reclama el derecho a operarse sin autorización judicial


Una joven de 16 años ha sido sometida en una clinica privada de Barcelona a la primera operación de cambio de sexo que se realiza en España a un menor. La chica llevaba más de año y medio sometida a tratamiento hormonal.

La operación, realizada a principios de diciembre y no conocida hasta ayer, ha corrido a cargo del doctor Iván Mañero

Mañero, que es jefe de la Unidad de Trastornos de Género del Hospital Clínico de Barcelona, diagnosticó el caso.Fuentes de este hospital explicaron ayer que la operación no pudo realizarse en este centro público porque no hay ninguno en España que contemple en sus protocolos las operaciones de cambio de sexo a menores.

El centro médico donde se ha hecho la operación es el Instituto de Cirugía Plástica Iván Mañero, integrado en Barnaclinic.

La operación dura dos horas y la convalencia seis días, explicó ayer el doctor que la ha hecho. "Está muy feliz", añadio el médico. Extirpan los testículos y hacen una inversión peneana, que consiste en introducir el tejido del pene para construir un túnel interior, dice el doctor. Con el glande se hace un clítoris.

Los padres de la menor transexual se enteraron de que su hija, como se consideraba ella, no podía ser operada hasta que cumpliera la mayoría de edad. Pero no querían esperar a que su hija cumpliera 18 años.

La menor ha estado más de año y medio en tratamiento psiquiátrico y hormonal. Se trata de un caso en el que el cambio de sexo estaría totalmente justificado, ya que no es mayor de edad, el caso no ha presentado dudas desde el punto de vista médico y existió un dictamen favorable de los médicos forenses para que el adolescente, que nació varón, se haya convertido en chica.

La ley permite la intervención quirúrgica para cambiar de sexo a los que tienen menos de 18 años, pero siempre que cuenten con una autorización judicial.

La familia de la menor decidió por eso recurrir a la justicia para hacer posible el cambio de sexo, que finalmente autorizó que la operación se llevara a cabo el pasado mes noviembre.

Mejor antes de adulto

El cirujano Iván Mañero ha asegurado que es mejor realizar esta intervención antes de la edad adulta, incluso de los 18 años, que es la que establece la legislación española, debido a que los riesgos son menores. Para Mañero, este es "un debate abierto en todo el mundo", aunque "probablemente habrá más casos que no hayan trascendido a la opinión pública".

El doctor dice que si una chica de 16 años es madura para abortar sin decírselo a los padres, como contempla la nueva ley, también se deben autorizar estas intervenciones. "Casos como éste hay muchos, pues todos los transexuales pasan alguna vez por ser menores".

"Hay que seleccionar cada caso. Puede haber mayores no preparados y menores que sí. La edad cronológica no es determinante", opina este experto.El tratamiento de la transexualidad también se inicia en edades tempranas en otros países desarrollados.

El paciente, un adolescente de 16 años, llevaba más de un año y medio siguiendo un tratamiento hormonal y psiquiátrico como paso previo para someterse a una operación de este tipo.

El chico que quería ser chica contaba con el apoyo de su familia y de los médicos, pero la ley solo permite la operación de cambio de sexo en menores de 18 años si cuentan con una autorización judicial.

Fuente : El País

La FELGTB reclama el derecho a operarse sin autorización judicial

En un comunicado de prensa, la FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) ha celebrado la noticia pero al mismo tiempo ha reclamado que las personas transexuales que son todavía menores de edad tengan el derecho a la cirugía de reasignación sexual sin necesidad de autorización judicial en aquellos casos que cuenten con un estudio profesional favorable y el apoyo familiar.

Mar Cambrollé, coordinadora del Área Trans de la organización, ha destacado que “negar la transexualidad hasta la mayoría de edad sólo alarga el sufrimiento de la juventud trans que debería tener los mismos derechos que el resto y poder decidir, por supuesto contando con la opinión de los profesionales sanitarios”.

También ha reclamado una modificación de los protocolos de los hospitales públicos para que den cabida a las operaciones de menores, de modo que no sea necesario recurrir a un centro privado tal y como ha sucedido en este caso.



Transexualidad: Un freno a la pubertad en espera de los 18


Mónica M., una psicóloga sevillana de 39 años, no olvida el día en que fue consciente de lo que le pasaba. Estaba ojeando en su casa una revista cuando se encontró con un reportaje sobre Bibi Andersen en el que se abordaba el pasado de la actriz. "Decían que había nacido como chico pero que siempre se sintió mujer. Yo debía tener 13 o 14 años y me reconocí completamente en todo aquello", cuenta Mónica. Hasta entonces, sabía que no se sentía cómoda en su cuerpo de varón, pero era incapaz de explicar por qué. "No sabía que existía la transexualidad. Antes eso era lo habitual. Pensabas que eras homosexual y te escondías", recuerda.

Hoy, Mónica está casada, tiene una hija de 17 años y hace dos se sometió a la cirugía de reasignación de sexo en el hospital Carlos Haya de Málaga. "Desde entonces toda mi vida ha mejorado. Al estar yo más feliz soy una emoción negativa menos en la casa y eso lo notamos todos". Por su experiencia personal y por la profesional es una firme defensora del tratamiento temprano de la transexualidad.

Atención psicológica

Alrededor del 10% de los pacientes que recibe la Unidad de Trastorno de Identidad de Género (UTIG) del hospital Carlos Haya es menor de edad. Este servicio (uno de los cinco similares que existen en la sanidad pública española) entró en funcionamiento hace 11 años y ha atendido a alrededor de 80 menores. La media tiene entre 14 y 15 años, por lo que mientras reciben la atención psicológica para confirmar su diagnóstico (que dura unos 18 meses), los jóvenes ya se acercan a los 16 años, la edad recomendada por la mayoría de los expertos para iniciar un tratamiento que frene la pubertad y el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, como la barba en los hombres y el pecho en las mujeres.

"Frenar este desarrollo ahorra sufrimiento", afirma Mar Cambrollé, coordinadora del Área Trans de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB). Cambrollé, presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía, defiende que estos tratamientos, que son reversibles, se inicien antes de los 16 años si el diagnóstico es claro.

La FELGTB emitió ayer un comunicado para "celebrar" la operación de Barcelona, pero también para exigir el derecho del menor a operarse "si así lo desea, cuenta con un estudio profesional y el apoyo de su familia". "El trámite judicial retrasa inexplicablemente la realización de la cirugía y vulnera el derecho al libre desarrollo del o la menor", sostiene el texto.



Transexualidad: Operan a menor español para cambiar de sexo

Pocas naciones permiten este procedimiento a pacientes tan jóvenes. La intervención fue autorizada por un juez, como requiere la ley en España.

Madrid.- Una española de 16 años (nacida "varón") fue sometida a una operación de cambio de sexo, el primer menor del país que padece una extirpación que pocas naciones consienten en pacientes tan jóvenes, dijo el martes un médico.

La operación de dos horas y media fue realizada en Barcelona hace tres semanas y el paciente se recupera satisfactoriamente, dijo el cirujano Iván Mañero, quien operó al muchacho, en una conferencia de prensa.

Mañero dijo que el paciente fue sometido antes a tratamiento hormonal y siquiátrico durante dos años, tras decidir que quería operarse para tener cuerpo de mujer. La muchacha “refería sentirse mujer desde los cuatro o cinco años”, según Mañero, quien no difundió la identidad del paciente.

La operación fue autorizada por un juez, como requiere la ley española en el caso de menores.

Seguramente menos de 50 operaciones de cambio de sexo son realizadas anualmente en España, según Mónica Martín, fundadora de a Asociación Española de Transexuales.

La entidad cree que en estos casos, los menores deben pensarlo mucho antes se someterse a un procedimiento irreversible.

“No estamos en contra, pero es una decisión vital”, dijo Martín a The Associated Press. “Es más conveniente esperar que la persona tenga una madurez legal y de otro tipo”, agregó.

En España, los gobiernos regionales regentan sus propios sistemas de salud y tres de ellos —Cataluña, Madrid y Andalucía— costean las operaciones de cambio de sexo.

En este caso particular, la familia del muchacho pagó por la operación en una clínica privada. Ningún hospital español dirigido por el estado realiza ese tipo de operaciones a los menores.

España pertenece a un escaso número de países en los que la ley autoriza específicamente a los menores de edad a someterse a operaciones de cambio de sexo, según Jameson Green, gerente del Centro de Excelencia para la Salud Transgénero, de la Universidad de California en San Francisco. Australia y Holanda son otros, agregó.

Hubo también unas pocas operaciones de cambio de sexo realizadas con menores en Alemania. Empero, esos países son la excepción.

“Generalmente, creo que lo que preocupa a la gente es que los adolescentes carecen de la capacidad para saber quiénes son. Y creo que estamos aprendiendo —y es una de las razones por las que vemos esto en España— que en algunos casos los adolescentes saben quiénes son”, dijo Green.

Otros Casos

El primer menor de edad en someterse a esta operación fue Natalia, de 17 años, que logró la autorización en 2007 después de tres años de trámites ante el poder judicial de Argentina.

Kim Petras, cantante alemana de 16 años, es la transexual más joven del planeta. Los médicos consultados concordaron en que la operación podía practicarse antes en ese caso.

En Reino Unido un niño de 12 años con el apoyo de sus padres, se transformó durante las vacaciones de verano para empezar la secundaria como mujer. La autorización para la cirugía aún se discute.

AP

lunes, 11 de enero de 2010

“Marcela es la mejor mamá del mundo”


“Que mi mamá sea trans nunca repercutió en mi sexualidad”, dice Héctor Maciel, un joven de 23 años que fue criado por Marcela Romero, una mujer que nació con el cuerpo de un hombre y que en agosto pasado consiguió ser la primera transexual argentina que certificó su nombre de mujer en el DNI.

Después de la celebración del primer matrimonio gay en Latinoamérica y en medio de la polémica por el deseo de las parejas homosexuales de adoptar, Héctor busca desmitificar los prejuicios: contó a Crítica de la Argentina cómo es crecer con una madre trans, que en 2009 fue elegida “Mujer del año” por la Comisión de Familia y Mujer de la Cámara de Diputados.

Sus padres se separaron cuando él tenía pocos meses de vida y al cumplir un año, Jorge –su papá– lo llevó a vivir a su casa con su nueva novia: Marcela. Nunca más volvió a tener noticias de Susana, su mamá biológica. “No tengo ningún resentimiento con ella pero tampoco me interesó buscarla. Marcela es la mejor mamá del mundo”, asegura. Y cuenta cómo fue que él le presentó a su actual pareja, Daniela: “Hace cinco meses que estoy de novio pero, como mi mamá viaja mucho, recién se la presenté hace poco. Se llevaron súper bien. Daniela tiene 20 años y la conocí por intermedio de un amigo”.

–Antes de la presentación, ¿le anticipaste a tu novia que tu mamá era trans?

–No, porque sabía que eso no sería un tema importante para Daniela y además porque vimos una entrevista que le hicieron a mi mamá en televisión, y así se fue enterando. Nunca sentí que fuera un asunto para advertirle a nadie. Me crié así y no siento que haya nada raro en eso.

–¿Y a tus compañeros de colegio, cuando eras chico?

–Tampoco. Hasta cuarto grado ella me llevaba a clases todos los días y los chicos nunca me preguntaron nada. Éramos muy chicos. Cuando entré en quinto ya iba solo, porque vivía a una cuadra del colegio. Los chicos venían a mi casa y yo iba a la de ellos sin ningún inconveniente. Tuve suerte, porque es cierto que los chicos a veces pueden ser muy crueles. Pero no recuerdo que me hayan hecho pasar un mal momento. Jamás me hicieron una pregunta incómoda sobre mi mamá ni nadie se asombraba con nada.

–¿Cómo era tu vínculo con Marcela en aquella época?

–Desde que se separó de mi papá, vivía con ella toda la semana. Me levantaba muy temprano para llevarme al colegio, pero antes me servía la chocolatada con cereales. Después me iba a buscar, también todos los días, y almorzábamos siempre juntos. Me encantaba cada vez que me agasajaba con mi comida preferida: salchichas con puré. Ella me hacía todo. Si bien yo nunca fui de pedir que me contaran cuentos, de ese terreno se encargaba mi abuela, que siempre me hacía el mismo relato: era la historia de un nene que se enfermaba y su perro encontraba el modo de curarlo. Después, aprendí a leer solo.

–¿Con quién hablabas sobre sexo?

–A los 11 años, mi papá se separó de Marcela y unos años después me fui a vivir con él a Asunción, donde consiguió trabajo como gerente de ventas de una medicina prepaga. Ese viaje me abrió mucho la cabeza porque de chico era muy boludo, sólo pensaba en los jueguitos electrónicos. En Paraguay, mi papá profundizó el tema y ahí empecé a conocer chicas. Volví hecho un hombre.

–¿Cuándo comprendiste que tu mamá era trans?

–Mi papá nunca hizo una diferencia con eso. De hecho, sus otras parejas, que fueron varias, eran todas mujeres. En mi adolescencia registré que había algo distinto en mi mamá pero nunca tocamos el tema hasta que ella me contó que no podía tener hijos y no hizo falta que me dijera más. Enseguida entendí. Siento que ella lo manejó a su manera y lo hizo perfectamente bien. No provocó ningún trauma en mí, de esos que atormentan a la gente.

–¿Qué pensás cuando escuchás esos prejuicios?

–La gente no puede hablar de cosas que no conoce. Todos tenemos que tener las mismas oportunidades. No tendría que haber ninguna duda de que los trans y los gays pueden criar chicos con todo el amor del mundo y quizás mejor que muchas madres biológicas. A esa gente quiero aclararle que ninguno de los amigos de mi mamá se ha propasado jamás conmigo ni quisieron influir en mi elección sexual.

–¿A qué te dedicás?

–Estoy trabajando en el INADI, haciendo promoción social. Mi primer trabajo fue a los 16 años. Era personal administrativo donde trabajaba mi papá, que quería que tuviera alguna responsabilidad a partir de que había decidido dejar el colegio. Yo también me reprocho haber largado porque ahora estudiar me cuesta más. Pero el año que viene voy a rendir lo que me falta así puedo empezar a estudiar Informática. Mientras, ayudo a mi mamá a mantener la casa.

–¿Cuáles son los principales recuerdos que tenés de tu mamá en tu infancia?

–Tengo muchos y muy presentes. Hay muchas imágenes. Me acuerdo que me llevaba a la plaza y paseábamos en bicicleta. Me acuerdo que cuando cumplí 13 años me llevó al Parque de la Costa y subimos juntos a las tacitas. No íbamos a la montaña rusa porque a mí me daba vértigo. Tuve una infancia muy normal. Ella me enseñó todo. Y ahora me reprocha todo el tiempo que dejé el colegio durante los años en que estuve de viaje con mi papá.

–Ahora que sos grande, ¿qué actividades comparten?

–Nos solemos juntar a comer. Cuando uno de los dos tiene un ratito en el trabajo, nos reunimos en el centro para almorzar. Si no, arreglamos de noche para ir a comer afuera o juntos en casa. A veces también vamos con mi novia. Después de varios años en los que yo no tuve ninguna pareja duradera, desde que le presenté a Daniela nos juntamos a comer los tres y la pasamos bárbaro. Eso está bueno, porque no es la típica suegra pesada.




sábado, 9 de enero de 2010

''Transexuales Somos Los Últimos Esclavos'' Reportaje a Tamara Adrián Conmociona Venezuela



Este reportaje en uno de los diarios de mayor tirada de Venezuela ha causado conmoción, podríamos decir que es la primera vez que se toca el tema de la transexualidad y su problemática especifica de una forma seria y sin entrar en sensacionalismos. El caso de Tamara en el Diario El Nacional ha provocado reacciones tales como que desde el Gobierno de la Republica se hayan puesto en contacto con ella para interesarse personalmente en su situación.

" Los transexuales somos los últimos esclavos. Estamos sometidos a una esclavitud tan miserable por nuestra identidad, que tenemos una estrella de David cosida"

Tamara Adrián, exitosa abogada, profesora de la UCV y la UCAB, aún tiene que cargar, por exigencia legal, con el que fuera su nombre masculino: Tomás. “Estamos sometidos a una esclavitud tan miserable por nuestra identidad que tenemos una estrella de David cosida. La llevamos en la cédula”, asevera.

“Soy Tamara, pero aún me llamo Tomás”

Tamara Adrián(bautizada como Tomás al nacer) supo que era una niña desde los primeros años de su vida. Luchó contra su propia condición; incluso se casó y tuvo hijos, pero finalmente se asumió como mujer. Actualmente es una abogada exitosa, profesora de la UCV y la UCAB. Logró el cambio de sexo en Tailandia, pero aún carga a cuestas con un nombre legal masculino: por eso, es la primera persona del país en pedir ante la Sala Constitucional del máximo tribunal el reconocimiento de su identidad

Diario El Nacional Venezuela/ Mireya Tabuas / Vanessa Davies-. Si viera mi vida hacia atrás creo que me daría vértigo. Tengo 51 años de edad. Desde los 2 o 3 años de edad tuve la certeza de que estaba en un cuerpo errado, sabía que era niña. ¿Que cómo lo sabía? Es fácil, así como sabes que te gusta el helado. Es así, una percepción. Un problema de identidad.

Pertenezco a una familia de clase media. Vivíamos en los Palos Grandes. Mi mamá murió sin saber lo que me pasaba, porque cuando decidí hacer la transición ella estaba gravemente enferma y no quise crearle un trauma. Mi papá vive aún: sigue llamándome por mi nombre masculino, Tomás.

No hay duda de que tener un comportamiento femenino siendo varón genera reacciones familiares y sociales, hasta el punto que cuando tenía 9 años de edad era la bibliotecaria del colegio privado donde estudiaba. Reconduje mi conflicto de forma instintiva hacia la lectura. No podía relacionarme con las niñas porque no me entendían como niña, no me podía relacionar con los varones porque no me entendía con los varones. En los test de inteligencia aparecía como subnormal. Era considerada una niña especial. Claro, era especial, pero en otro sentido.


La llegada de la adolescencia fue terrible. Empezaron los cambios hormonales, la masculinización del cuerpo. La presión social se agudizaba, los grupos eran simbióticos, todos los niños se visten, caminan, hablan, piensan igual. Nunca me aceptaron en ningún grupo.

Mi mamá era farmaceuta. Cuando yo tenía 16 años de edad, agarré los libros de farmacia, me puse a estudiar los aspectos hormonales y comencé a tomar hormonas automedicadas. Cada vez que se notaba demasiado el cambio en mi cuerpo, me daba aquel arrepentimiento horrible. No se conocía el síndrome de disforia de género. No sabía qué me pasaba, eso me generaba una culpa terrible. A medida que yo me feminizaba el cuerpo, me llenaba de culpas, y paraba, y volvía entonces a tomar hormonas. Era un yo-yo hormonal. Mientras tanto, estudiaba, y mucho: me gradué Suma cum laude en Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello.

La universidad, no la prostitución

En la universidad me vestía ambiguamente, estaban de moda los zapatos con tacón para hombres, los pantalones con talle bajo, y era una mezcla de hippie andrógino con detalles femeninos, pero no muy ostensibles por el tema social. En la universidad había rechazo. La discriminación a la diferencia existe en todas partes. Veía a las chicas transgénero de la avenida Libertador, y decía: si yo sigo lo que yo siento, ¿cuál es mi destino? ¿Prostituirme? ¿Ir a un bar a presentarme como stripper? 70% de las personas transexuales no tiene estudios, y, por ende, no tiene trabajo, porque desde temprano las excluyen del sistema educativo y el sistema social. Por eso, se quedan en las peluquerías o en la prostitución. Vivimos en una sociedad mojigata, que hace que la persona transexual sea un ícono morboso, y que te obliga a encajonarte en una situación de miseria y de guetto.

El problema de la transexualidad se da en todos los países, en todas las clases sociales con igual incidencia: 1 sobre 30 mil o 40 mil personas. En países como Estados Unidos, donde la reasignación se hace desde 1970, mucha gente la hizo temprano. Hasta ahora, esas personas eran tránsfugas de la anormalidad; pasaban de la invisibilidad en su sexo de origen, a una situación de visibilidad. Pero una vez que llegas al otro lado de la montaña, después de haber nadado contra corriente, vuelves a entrar en la “normalidad”, y te mimetizas en el otro sexo, y ya no eres ese monstruo.

En este momento soy una mujer, la mujer que siempre me sentí y que me fue muy difícil aceptar que era. Yo nunca he querido ser mujer, es que sintiéndome mujer desde siempre me había negado a aceptar el costo que representaba la aceptación de mi condición. Es un costo enorme, desde todo punto de vista. Yo no podía ser ese rey que mis amigas feministas pensaban que era.

Estuve en Francia, hice un doctorado en Derecho Mercantil en la Universidad París II, y lo terminé en 1982. Francia, curiosamente, sigue siendo uno de los países más homofóbicos y transfóbicos. En ese instante debía dilucidar el rompecabezas que tenía frente a mí: no sabía cuál era mi condición. Sabía que no podía aceptar mi cuerpo, y que no me sentía integrada con él, había una disociación entre mente y cuerpo. Busqué ayuda en la universidad, me refirieron a una psicóloga lacaniana, que hacía su tesis sobre transexualidad. Ella me cobraba la mitad de mi beca, y después publicó un libro profundamente sexista contra la transexualidad.

La decisión de mentirse

Cuando regresé de Francia, a pesar de mis calificaciones académicas, me fue imposible conseguir trabajo debido a los prejuicios por mi apariencia bastante ambigua. En ese instante tomé una decisión que hoy considero errónea, pero que comparto con innumerables personas transexuales en todas partes del mundo, que buscan escapar del durísimo destino que representa la transición. Pretendí mi integración en el molde que me proponía la sociedad: por una parte, traté de vestirme masculinamente y hasta me dejé crecer la barba; y por la otra, me casé. De ese matrimonio nacieron dos hijos, a los cuales amo profundamente y que, sin embargo, no tengo la dicha de poderlos frecuentar por prejuicios diversos. Y es que muy a menudo uno de los precios que se debe pagar por asumir la identidad es la pérdida de la familia y los amigos, que huyen como si se tratara de leprosos.

Cabe decir que las dificultades de la transición muestran que aún en países como Suecia, 30% de los transexuales ha estado casado, y más de la mitad ha tenido hijos. Debo señalar también que en todas partes del mundo se indica expresamente que la reasignación legal de las personas transexuales, como es obvio, no afecta los derechos de los hijos que hubieren podido tener y, en general, las relaciones de familia. Pero a pesar de no poder ver a mis hijos, me siento muy afortunada, porque tengo una vida de familia estable. Tengo pareja desde hace más de 10 años y, junto con su hija, formamos una familia unida, solidaria y respetuosa de los derechos de los demás.

Aquel matrimonio duró 3 años, y se rompió cuando dije lo que sentía. Ella no lo sabía. Al cabo de cierto tiempo, las barreras que puse para tratar de contener ese río de sentimientos se rompió otra vez, era como un Guri que de pronto crece, y si no lo dejas fluir, se lleva por delante las barreras.

El verdadero cuerpo

Mi esposa me puso las maletas en la puerta. Y en ese momento pasé por un período de gran depresión, era enfrentarme a aquello que me había negado a enfrentar. Fue cuando empecé una planificación, que pasó por una electrólisis total de los vellos de la cara, por incorporar cierta ambigüedad progresiva en mi vestimenta. Conseguí ayuda en Venezuela con el Centro Bianco, y a través de ese proceso seguí el protocolo completo de reasignación, que incluye vivir por lo menos dos años trabajando y haciendo todo en el sexo de reasignación. Eso es para “machos”, sobre todo en el nivel social donde me desenvuelvo como profesora universitaria.

Mi reasignación fue en 2002, en Tailandia, donde estaba el mejor médico del mundo, Suporn Watanyusakul. Mientras en Estados Unidos y Canadá la operación costaba 12 mil dólares, allí costaba 7 mil dólares. Si me hubieran dado esa oportunidad a los 14 o 15 años de edad, la hubiera tomado. En el mundo pasa eso: no puedes cambiar el cerebro, por eso cambias el cuerpo.

Después de la cirugía por primera vez me sentí en mi cuerpo. Si me preguntan si en algún instante he sentido arrepentimiento, digo no. No ha habido un mini-segundo de arrepentimiento; mi arrepentimiento es no haber podido hacerlo antes.

Este es un camino muy duro, no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Pero me ha hecho mejor persona, una persona que entiende que no existe diferencia entre hombres y mujeres, sino que todos somos masculino y femenino al mismo tiempo. Ahora soy activista de los derechos de la mujer, no sólo porque soy mujer, sino porque he vivido en carne propia la diferencia del trato.

Hoy en día, la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana de Psiquiatría reconocen la transexualidad como una condición de salud. En casi todos los países la reasignación se cubre a través de la seguridad social, porque forma parte del derecho a la salud. El año pasado, en Francia ordenaron devolver los gastos a una persona por la reasignación. En el continente se hace veladamente en México, y más abiertamente, en Argentina.

Con nombre ajeno

Soy profesora de pregrado y doctorado en la UCAB y la UCV, y en las listas de profesores aparezco como Tomás Adrián, pero los alumnos se encuentran con una profesora que les da clases. Eso es discriminatorio. Tengo la gran ventaja de que mis alumnos han sido sumamente receptivos. Recibo cartas cuando termina el curso; dicen que he sido la mejor profesora que han tenido.

Después de mi reasignación empecé a estudiar –desde el punto de vista jurídico– las vías que permitieran lograr la reasignación legal de manera coherente y en condiciones de no-discriminación. Hasta ahora, las reasignaciones que se han hecho, desde el punto de vista legal, fueron por rectificación simple de partida. Eso significa que a una persona que no tiene estudios y que no tiene una situación documental compleja, se le soluciona su problema porque tendrá una partida, cédula y pasaporte. Aunque eso se hace desde los años 70, con el actual gobierno no se ha hecho ninguna, porque hay jueces que dicen que es una aberración.

En mi caso es más complejo, porque tengo estudios, diplomas universitarios, he sido contribuyente siempre, tengo propiedades; por razones de mi trayectoria. Por eso solicito, desde mayo de 2004, ante la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, un recurso constitucional innominado de reconocimiento de mi identidad, que no es otra cosa que el ejercicio de mi derecho a la autodeterminación como persona. Pido que, sobre esa base, se rectifiquen todos mis documentos públicos o privados para hacer coherente mi identidad con la identidad con la que se me conoce pública y notoriamente. Eso para poder ejercer en condiciones de no-discriminación todos mis derechos. La sala ni siquiera lo ha admitido o rechazado, no ha dicho nada. El expediente tiene más de 800 páginas y contiene sentencias y leyes de todas partes del mundo.

El derecho a mi identidad me lo da la constitución y los tratados internacionales de los cuales Venezuela forma parte. Mientras tanto, vivo en un limbo jurídico, estoy condenada a ser indocumentada. Pienso promoverme como candidata a diputada independiente, pero ¿con qué nombre? ¿Cómo ejerzo mis derechos políticos? Ahora que soy feliz, estoy indocumentada. Primera vez en mi vida que me puedo definir como una persona feliz. Antes era profundamente infeliz, pero ahora me siento una persona coherente, soy yo para mí y para el resto de las personas, y no me despierto y veo en el espejo a una persona que no soy yo.

Soy Tamara, pero aún me llamo Tomás. Mi pasaporte dice Tomás, mi cédula dice Tomás; en un restaurante entrego una tarjeta de crédito, y dice Tomás. A mi no me sirve la rectificación de partida, no es la vía idónea bajo la Constitución Bolivariana, que abrió una nueva puerta con el reconocimiento de la igualdad, el derecho de las minorías a obtener un tratamiento preferencial. Además, incorpora el derecho a la dignidad, a la reserva sobre tu vida privada.

El derecho a la privacidad

Por ejemplo, casi me quito un dedo con una puerta; fui a una clínica, pero no me querían recibir porque tengo un seguro, una cédula, y una tarjeta de crédito, con un nombre que no se corresponde con mi físico. Tengo derecho a la privacidad. ¿Por qué debo explicarle al señor de la aduana todo mi pasado, y que él entienda, para que me deje pasar con mi actual pasaporte? ¿Por qué debo explicarle a un fiscal de tránsito? Si tuviera que ir presa, ¿a dónde iría presa?

Se crea una discriminación por no cambiarme el nombre. En España y en Colombia es un procedimiento ante notario, en Chile es por solicitud ante el juez, en otros países es sólo la solicitud de cambio de nombre ante un órgano administrativo. Si no te identificas con el nombre que tienes, puedes ejercer un derecho humano al cambio, pero en Venezuela no existe un procedimiento expedito.

Pareciera que mucha gente pasara factura al ejercer casi un acto de inquisición; si estás en esta condición expía tu culpa: “no seas nadie, no tengas identidad, te vamos a quebrar”, como dirían los malandros. La actitud es casi punitiva. Pero siento también que la situación mejorará en la medida en que entiendan que se trata de un problema de salud, reconocido como condición por la OMS, no como enfermedad; que genera afección a la salud en el sentido integral de la palabra, y que existe un tratamiento médico con la reasignación, el protocolo. Esta condición no es un capricho, ni siquiera es una opción, porque eres una persona anulada por esa carga afectiva que representa el cúmulo de incoherencias que no puedes asumir sino en el momento en el cual decides andar hacia la transición. Es un problema de dignidad, de proyecto de vida.

La datilera del desierto

Elegí el nombre Tamara por tres razones: cuando tenía 4 años de edad, una de las personas más bellas que he visto se llamaba así. Guardaba cierta consonancia con el nombre masculino, y en la transición sólo firmaba T, sin poner nombre. Luego de que conocí el origen de Tamara (datilera en un oasis en el medio del desierto), me encantó, y con ese concepto me identifico muy bien. Lo uso públicamente desde el año 1993; en ese momento “ejercía” medio tiempo, trabajaba en un escritorio jurídico. Durante el día me disfrazaba de hombre –muy mal disfraz– y me llamaba Tomás; y en la tarde y los fines de semana, me vestía como me quería vestir.

El cambio es un proceso que dura varios años. Decidí hacerlo a tiempo completo cuando un día estaba vestida con traje y corbata y me dijeron señorita. Ese día dije: ya estoy lista. Otro día, un amigo me dijo para encontrarnos en un bar, y me negaron la entrada porque era un bar sólo para hombres.

Los transexuales somos los últimos esclavos. Estamos sometidos a una esclavitud tan miserable por nuestra identidad, que tenemos una estrella de David cosida. Llevamos la estrella en la cédula. Lo que hicieron los nazis con los judíos, se hace con la falta de reconocimiento de nuestra identidad.

Puedes ser profundamente infeliz y frustrada como persona, o asumir ser tú, con todo lo que ello conlleva, y lograr la felicidad. Tengo una gran voluntad, no siento ninguna culpa. En este proceso perdí a familia, perdí amigos, y gané otros amigos. Sigo siendo profesora, sigo teniendo una clientela como abogada, y ése, mi éxito, no me lo perdonan. Muchos me quisieran ver muerta.

Los trastornos de identidad del género se deben a la biología y al ambiente

El Nacional/ Vanessa Davies-.Los transexuales están convencidos de pertenecer al sexo opuesto al que nacieron. La Fundación Reflejos propone traer a los especialistas a Venezuela para que formen al equipo médico que se encargue de la reasignación de sexo en los hospitales

Pocos seres humanos (o ninguno) elegirían vivir en el dolor; o vivir en la perenne sensación de que su cuerpo está divorciado del cerebro. La realidad de las y los transexuales es que, desde la infancia, son dueñas o dueños de una identidad mental diferente de la genital. Tal como lo define la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, "son mujeres que se sienten atrapadas en cuerpos de hombre, y hombres que se sienten atrapados en cuerpos de mujer, sin trastornos psiquiátricos graves que distorsionen la percepción de la realidad, que necesitan ser aceptados social legalmente en el género elegido".

El origen del trastorno de identidad de género (quienes muestran identificación con el género contrario e insatisfacción con el sexo anatómico) debe ser rastreado en la biología y el ambiente.

Podría desarrollarse, de acuerdo con la sociedad, como resultado de una interacción alterada entre factores genéticos, desarrollo cerebral y acción de las hormonas sexuales.

"Pero además diversas influencias ambientales en períodos críticos del desarrollo, como el embarazo, la infancia o la pubertad, pueden influenciar la conducta y la orientación sexual", describe el organismo científico.

"Bastantes datos apoyan que la orientación e identidad sexual pueden tener un sustrato biológico (genético, cerebral, hormonal) sobre el que inciden determinadas influencias ambientales, sociales y familiares durante los llamados ´períodos sensibles´ de la vida para conformar la orientación e identidad sexual definitiva del adulto".

No es una enfermedad

Las investigaciones han permitido algunas aproximaciones conceptuales.

Estas son las que propone la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de España:

-Hombre Transexual o Transexual Masculino: es una persona que se siente, piensa y actúa como hombre aunque naciera con genitales femeninos.

- Mujer Transexual o Transexual femenina: es una persona que se siente, piensa y actúa como mujer aunque naciera con genitales masculinos.

-Travesti, Drag Queen o Drag King: son personas que utilizan indumentaria del sexo opuesto, pero no rechazan su cuerpo ni sienten la necesidad de modificarlo.

-Transgéneros: grupos que hacen esfuerzos identitarios, sociales, corporales y médicos para presentarse públicamente como miembros de un género que, según la sociedad, no pertenece a su cuerpo, explica la investigadora Marcia Ochoa, de la Universidad de Stanford.

Ostentar un sexo biológico, pero sentir y pensar como del sexo contrario "no es una enfermedad, sino un trastorno de la identidad sexual, pero es muy doloroso; por eso, ellas y ellos buscan la reasignación de sexo", acota la sexóloga venezolana Aminta Parra. Aparte, "es más común de hombre a mujer".

No se trata únicamente del deseo de ser del sexo opuesto por ventajas culturales y sociales, especifica la médica Morella Bouchard, sino de vestirse con ropas del sexo opuesto, tener los roles sociales del sexo opuesto, sensación de desagrado con las características de tu sexo biológico (hacia la erección o la menstruación, según sea el caso), y todo eso, sin que exista una enfermedad física".

La cirugía de cambio de sexo no implica, necesariamente, que el sujeto tendrá una orientación sexual heterosexual, asegura Bouchard.

"Puede haber heterosexualidad, pero también hay personas que se reasignan, y poseen una orientación sexual homosexual".

Dar el paso

La cirugía de reasignación de sexo no se realiza en los hospitales del país. Es por eso que Elena Hernáiz, vocera de la Fundación Reflejos, elaboró un proyecto para que el Estado invite a expertos en la materia, con experiencia en otras naciones, para que enseñen al personal de salud venezolano. "Obligatoriamente, este es un asunto de Estado", destaca Hernáiz.

La activista también sugiere que el convenio suscrito con Brasil para el intercambio en el área de Medicina "permita operar gratuitamente a las personas que lo necesitan".

Igualmente "se podrían firmar acuerdos con embajadas para crear centros específicos".

Los hombres transexuales pasan por un proceso más complicado, "porque son tres operaciones: mastectomía y la modificación del sexo". Además de las complicaciones legales para el cambio de identidad, "tenemos mujeres que no se atreven a dar el paso para hombres porque no saben cómo hacer con sus hijos".

Tomado de Disforia de Genero

Noticia tomada de Carla Antonelli
Enviado el 27/August/2005 por Brenda


(La Mujer y su razón:) Cagando en el Abismo (crítica a la designación de Amanda Simpson)

La administración Obama ha anunciado el nombramiento de una mujer transexual como funcionaria de seguridad del Dpto. de Comercio Exterior. Una maniobra de propaganda que asquea a Manuela Trasobares.

El nombramiento de Amanda Simpson como alta funcionaria de la administración Obama, al igual que el color de piel del presidente, forma parte de una perfecta maniobra de propaganda dirigida por los lobbys de EEUU para maquillar sus diabólicos intereses de propagar la guerra.

La nueva responsable de seguridad del Departamento de Comercio Exterior de EEUU hizo una carrera como piloto de aviación y se sometió a un proceso de cambio de sexo. A causa de su integración en el sistema educativo y en el mercado laboral antes de iniciar su proceso de transexualización, su representatividad de la problemática transexual es limitada. En ningún momento ha vivido la marginación social, las palizas de la policia, las violaciones en las calles, la explotación de los chulos-delincuentes, el desprecio de toda una sociedad por decidir mostrar tu identidad verdadera desde la infancia.

La tragedia de las personas transexuales ha sido protagonizada por quienes decidimos ser quienes somos a pesar de la oposición del sistema
político vigente en nuestro país, de nuestra procedencia obrera, de la exclusión del sistema educativo y laboral oficial, de la condena al guetto, a la explotación y a los trabajos forzados. Nuestra historia ha sido un genocidio de proporciones incalculables. Baste decir que la gran mayoría de compañeras que conocí en mi juventud están muertas y enterradas desde hace años.

Algunas fueron asesinadas por clientes de la alta sociedad que temían que revelaran sus vicios y ni siquiera se incoaba un expediente judicial para esclarecer las causas de sus muertes, sinó que ante la ausencia de una reclamación del cadáver por parte de su familia, fueron usadas salvajemente para necropsias. Muchas perecieron de sobredosis, víctimas de la droga como única salida a una sociedad cruel que te cerraba todas las puertas. Otras fallecieron tras ser intervenidas impunemente por cirujanos-carniceros que las usaban para experimentar un suculento negocio: el de las operaciones de cambio de sexo.

La violencia de género y el rechazo social se cebaron con nosotras de una forma atroz hasta el punto que en la sociedad de la segunda mitad del siglo XX no alcanzo a ver un crimen colectivo tan fragrante sin que haya sido prácticamente denunciado.

Por todo ello, las acciones propagandísticas como este nombramiento en EEUU o como el cambio en la ley registral impulsado por Zapatero, para cambiar el sexo del nombre en el DNI sin revisión forense, me producen no ya hilaridad, sinó verdaderas ganas de defecar al infinito. Son puro marqueting del capitalismo depredador.

Quienes hemos defendido nuestra causa desde las trincheras, hemos corrido delante de los grises y hemos sido encarceladas y vejadas por la propia policia tenemos de soportar desde los años 70 que cada vez que un gobierno quiere marcarse el pegote del progresismo saque a relucir la figura de una transexual y la incorpore a su sistema de uno u otro modo. Bibi Andersen fue utilizada en este sentido por el gobierno de Suárez, ansioso por esconder sus orígenes falangistas y engalanar España con un toque de modernidad. Carla Antonelli ha sido también un títere del gobierno de Zapatero, y le ha ayudado a vender la posibilidad de inscribir el nombre en el DNI como el paradigma del progreso social, a cambio de un papel en una serie y en un programa de debates insulsos de televisión para contribuir a la propaganda socia-lista.

Si bien Bibi sufrió una fuerte presión social para que se operara, Carla Antonelli ha sido admitida sin intervenirse a condición de que no lo difunda, menudo avance en trenta años de monarquía parlamentaria.
¿No será que lo único que parlamentan los parlamentarios es la manera de llenarse los bolsillos? ¿No será que alargan las cuestiones importantes indefinidamente para distraer la atención y mantener la tensión social que les favorece? ¿ No será que su única función es adormecer la consciencia del pueblo en favor del rey, la aristocracia y el gran capital?

Lo que realmente se precisa para acabar con la lacra de la discriminación por razones de transexualidad es una campaña de imagen que propicie la aceptación por parte de la sociedad; programas específicamente diseñados de formación profesional y de inserción laboral; políticas de discriminación positiva que concedan, no a una, sinó a todas las personas transexules la posibilidad de integrarse en el mercado laboral en igualdad de condiciones. Pero de todo esto no se ha hecho nada de nada, no se ha hecho ningún tipo de labor social, como he denunciado reiteradamente, siendo incluso acusada de boicoteadora por el coro de gays y lesbianas que jalean las consignas del régimen monárquico desde diversas asociaciones satélites del bipartidismo corrupto.

Los gobiernos imperialistas no apoyarán jamás ningún tipo de progreso social, al contrario, su principal función es detenerlo y sostener los intereses de las grandes fortunas que pagan sus campañas y llenan su cuenta bancaria. Suárez, González, Zapatero, Obama, etc son instrumentos del capitalismo y en ningún momento proponen progreso, se dedican a vender derechos básicos y fundamentales del ser humano como si fueran pasos gigantes de sus gobiernos hacia la justicia. Promocionan a aquellas personas que comulgan con su falta de ideas y que están dispuestas a apoyarles en su carrera hacia la destrucción del planeta.

Soy vivo ejemplo de que cuando les destapas el juego y les dices las verdades a la cara desde una posición política firme y opuesta a la suya, no sólo te ignoran, sinó que utilizan todas sus influencias y poder con el fin de hundir tu vida profesional y personal, de asesinarte socialmente, de aniquilarte. Así lo han tratado de hacer conmigo la alcaldesa de Valencia, el alcalde de Segorbe, el presidente de la diputación de Castellón, e incluso los republicanos conservadores y los de IU del Alto Palancia. Si yo hubiera aceptado la propuesta que me hizo Joan Ignasi Pla con cara de asco para que hiciera campaña por el PSOE-PSPV, o dado mi voto al gobierno municipal caciquil-socialista de Geldo, o cedido a las presiones del partido popular de Valencia y Castellón para que cesara mis críticas a sus execrables líderes, probablemente sería ahora también un icono del sistema, mis cuadros se venderían por doquier y reclamarían mi voz los grandes coliseos de ópera.

Sin embargo jamás me ha importado el éxito comercial dentro de un sistema de valores tergiversado para destruir al hombre. Por ello sigo y seguiré luchando por el derrocamiento de la Monarquía y por una República radical-socialista confederada. Probablemente cuando se alcance este sistema yo estaré en el Cementerio de Cadaqués, en un nicho con vistas a la Bahía de Port Lligat y a la Casa de Salvador Dalí, a la que yo acudía de niña para recibir mis primeras clases magistrales de pintura y las advertencias del genio de que todo es un teatro, y de que mi empecinamiento por la sinceridad me iba a hacer sufrir mucho.

Y efectivamente un gran teatro es que se ponga una persona transexual al frente del departamento estadounidense que controla que no se haga uso militar de las exportaciones de bienes civiles, puesto que todos sabemos que el principal poder de EEUU es el lobby de los fabricantes de armas, capaces incluso de suministrar a los habitantes de los países que invaden, para hacer doble y redondo negocio.

La tragedia de las personas transexuales es una herida sangrante que sigue abierta en toda la corteza de la Tierra, como tantas otras tragedias humanas pasadas y presentes. No se soluciona creando un icono, sinó destruyendo prejuicios, educando y presentando oportunidades a todos y a todas.

Dejen de una vez, piara de gobernantes del capital, de utilizar nuestro dolor, nuestra sangre derramada en el fango y en la nieve para ceñirse una falsa máscara de progreso. Si no están dispuestos a invertir en ayudas para nosotras, por lo menos no se nos rían en la cara, no continúen envenenando nuestras venas, no nos tomen el pelo con tanta desfachatez.



LA PRIMERA (sobre la designación de Amanda Simpson)


Siempre hay una primera vez, o eso se ha dicho desde siempre. Claro que depende para qué y cómo, pues hay cosas, circunstancias y personas en las que nunca se ha probado y tal vez no se verifique jamas tal aserto.

Es la primera vez en la Historia de Estados Unidos que una transexual alcanza un cargo de la relevancia de Amanda Simpsons, antes un hombre llamado Mitch, quien durante el mandato del primer presidente negro de la primera potencia mundial ha sido nombrada asesora del Gobierno. Sus méritos están sobradamente reconocidos, aunque condicionados por el sector de la carcunda, que ha puesto el grito en el cielo. Con tanta cortapisa y tamaño revuelo no extraña que la propia Amanda haya dicho que «ser la primera es un asco».

Quizá recuerde Amanda muchas de sus primeras veces amargas y asquerosas que ha debido soportar y también otras primeras veces de compatriotas que iniciaron la tarea de abrir caminos hacia la igualdad. Habría que traer a la memoria lo que supuso para los derechos civiles un famoso día de diciembre del 1955 en que una mujer negra de Montgomery, en Alabama, rehusó ceder su asiento en el autobús a un pasajero blanco. Rosa Park pasó a ser la primera y principal protagonista que contribuyó a lanzar el movimiento contra la segregación.

Pero nueve meses atrás había habido otra, Claudette Colvin, que se negó a ser tratada como ciudadana de segunda en otro autobús de la ciudad y en lugar de ser célebre vivió anónima hasta ahora en el Bronx, pues los líderes negros de la época temían que no fuera apta como símbolo de lucha: era una estudiante sosegada y callada que, además, estaba entonces embarazada de un hombre casado.

Y aún más, entre las dos citadas hubo una tercera, Mary Louise Smith, arrestada igualmente al rehusar dejar su plaza en un bus. Tampoco ésta pasó a la posterioridad como la 'primera', no se consideró conveniente ya que corría el rumor de que su padre tenía problemas con el alcohol. Hay causas para las que resulta muy difícil, por no decir imposible, levantar un estandarte.


ATA celebra que una mujer transexual forme parte del gobierno de EE.UU


Hay transexuales preparados para formar parte del gobierno de Andalucía”

En los últimos días ha sido noticia el nombramiento de Amanda Simpson como consejera del Departamento de Comercio de la administración de Estados Unidos. Lo más significativo de este hecho es que la señora Simpson es una mujer transexual y desde el punto de vista LGTB es que además Simpson, a parte de su irreprochable currículo profesional, es una mujer activista que en el pasado ha militado en organizaciones de defensa de los derechos de las personas transexuales.

Como no podía ser de otra manera, desde la Asociación de Transexuales de Andalucía celebramos este nombramiento. “Es un paso más para la normalización de la transexualidad” ha declarado Mar Cambrollé, presidenta de ATA, que cree que “es hora de que otros gobiernos sigan este camino”.

Mientras que gays y lesbianas ya gozan de una amplía visibilización en algunos sectores de la sociedad, que no en todos, las personas transexuales todavía necesitan un gran camino que recorrer para que la transexualidad sea socialmente normalizada.

Cambrollé cree que “ya hay personas transexuales en España y Andalucía capacitadas para formar parte de instituciones públicas y gobiernos” y anima a los partidos políticos a seguir el ejemplo de la administración Obama, porque noticias como esta “ayudan a eliminar la discriminación que sufrimos las personas transexuales”.