domingo, 17 de febrero de 2008

Indicios, sabiduría y valentía: "mujer transgenero"

Al momento de ingresar a un Grupo o Forum, de aquellos serios en verdad, yo siempre intentaba exponer por que era importante para mi, saber que era yo en realidad. Para esos tiempos, ya el frecuente rito de vestir prendas femeninas, había derrotado a las preocupaciones éticas o religiosas. Sobre este último punto hablaré más luego, por que si de una cosa estoy segura, es que Dios me ha protegido durante todo este tiempo. Pero digamos que persistía la idea de cómo podía ser que, sin proponérselo, una persona que habiendo nacido “hombre” y hecho una parte de su vida como “varón”, y que como tal, hasta me había casado con uno de los seres más extraordinarios de la tierra, una mujer biológica, podía tener sentimientos que yo reconocía como indudablemente femeninos.

En esos Grupos o Foros, muy pronto, como es lógico en toda comunidad o grupo colectivo, siempre eran las personas más reflexivas las que te salían al paso inmediatamente, para aconsejarte diciendo que "el intentar saber que eres, es una forma de “clasificarte” o “encasillarte” en un concepto predefinido y que eso inútil y frustrante". Lo mejor-aconsejaban- era "simplemente aceptarte como eres y vivir la vida tal como se te ha dado y vivirla lo más feliz posible". La verdad, de hecho, ese consejo no me satisfacía ni me tranquilizaba, más aún, cuando en aquellos momentos me era difícil (quizás por mera casualidad), encontrar personas parecidas a mí.


Algunas “chicas” me conversaban lo extraordinariamente erótico que era ponerse una trusita y de cuando en cuando, llevarlas debajo de la ropa de varón. Pero eso no era lo mío. Algunas otras me hablaban, en ese mismo sentido, de las ropas femeninas como faldas, blusas, maquillaje, pelucas, de sus salidas a la calle, etc., ¿pero qué de los sentimientos? Yo les preguntaba insistentemente sobre ellos. En ese tiempo, no conocía casi nada sobre el asunto de la "identidad de genero". Noooooo, me decían, “yo soy hombre, solo lo hago por placer, por sentirme bien, por relajamiento, y por que no, para masturbarme mas rico”. Yo también, y no ha diicultad en confesarlo, cuando comencé, lo confieso, también lo hacía, pero pronto me percaté que, para mi, eso era algo muy “raro”: ¿tener que vestirse de chica para sólo masturbarse?, ¿no era eso depender del travestismo para masturbarse?, pero nuevamente, ¿y los sentimientos qué?

Con esta última interrogante, la pregunta se volvía de revés: ¿depende de tu deseo de masturbarte (o igual, pasar un “momento” sumamente erótico y placentero íntimo), el que decidas vestirte o no?

Con el tiempo, me propuse como tarea, averiguar que significaba todo eso. La “prueba” era vestirme de chica sin necesidad de masturbarse. No me costo mucho o nada. Podía vestirme de chica y no me masturbaba. En realidad, eso fue una forma de constatar si mis sentimientos femeninos eran artificiales e inventados por mi misma, o si es que estos iban más allá del acto masturbatorio y eran efectivamente genuinos. La respuesta de aquella “pregunta al revés” fue: No. el vestirme de chica no dependía ya de un deseo masturbatorio o de pasar un “rato” auto-eróticamente placentero. Me vestía así, por que simplemente era yo. Era un primer indicio de lo real y no ficticio de una personalidad enteramente femenina.

Por supuesto, ¿quién no siente la sexualidad y el erotismo a flor de piel cuando nos ponemos completamente una bella ropa interior femenina de lencería?, ¿una trusita y unos brasieres de encajes, una tanguita o hilo dental, unas medias negras ajustadas con filos de encaje, unos ligueros provocativos, un cortset apretadito que va marcando tus curvas femeninas?, ¿una peluca que asemeja a una cabellera, larga o corta, pero femenina? Eso lo sienten hasta las mujeres biologicas, por que lastimosamente, esas ropas se crean pensando en ellas. Yo también sentía eso, y lo compartía con otras amigas que me decían “creo que soy travesti”. …pero…cuando yo les hacía conversación y le decia, “Esta bien eso de la lencería, pero ¿cómo gustas vestir, vamos a decir, “por encima”? Ahí el tono de la conversación comenzaba a cambiar. Las chicas mostraban su extrañeza frente al tema, como diciendo, “pero cómo, ¿la idea no es “jugar” a ponerse ropa sexy para excitarse o para verse “como” una verdadera mujer?, por que si no es para “jugar” o “transformarse”, entonces, uno puede ser homosexual. No, yo soy travesti heterosexual"

Yo hablaba de faldas, pantalones, blusas, remeras (polos), de cómo se visten las chicas actualmente, de cómo me encanta la ropa casual, las minis faldas (por que creo que me quedan bien) y los tops ajustaditos, (y eso a pesar de mi edad!!!!, jajajajaja). Yo creo que aquí hubo un segundo indicio de diferenciación. Por supuesto que, seguramente, al principio también habré pensando de la misma manera que mis amigas, pero en mi caso, esas ideas no duraron mucho, casi nada. Desde siempre considere muy hermoso, erótico y sexualmente atrayente, por su simbolismo, ponerse ropa intima y lencería femenina sexy. Pero en general, ¿dónde se usa la ropa interior?, pues debajo de la ropa o para ocasiones muy “especiales”, ¿no?. Pronto me di cuenta que la feminidad de una persona no puede reducida a tan solo un “momento”, por más excitante que sea, en la que se usa solo ropa interior de mujer.¿Cómo me gusta vestir a mi?, pues como viste cualquier mujer, con ropa intima claro, pero debajo de la ropa, y esta no es para estar enseñándosela a cualquiera, a no ser que una se crea una modelito o una especie de “mujer 10”, o se este postulando para “she-male” o “travesti”.

En el trabajo, era y es sumamente molesto y hasta irritante, el tener que estar soportando las poses de los compañeros varones, sus chistes, sus historias sobre supuestas y reales hazañas amorosas y sexuales, sus potencialidades amatorias, sus infidelidades y sobre todo, los comentarios machistas sobre la mujer. Y sobre todo, de aquellas que habían tenido relaciones con ellos, relaciones narradas con sumo lujo de detalles frente a un auditorio habido de escuchar esas “historias”. Siempre me “solidarizaba” con ellas. Cierta vez, en una oficina, una secretaria me contaba con muy sentida preocupación, los problemas familiares con un esposo separado de ella, y como eso repercutía en la crianza de sus hijos. No medí mi posición y me lance con todo a hablar sobre la cobardía y la inmadurez de “los hombres”. A ella le pareció excelente el comentario, pero un varón que estaba en un escritorio contiguo y al que no había visto, me grito burlonamente, “ X no sabia que eras así!! que eras “raro”- que no es sino una forma de decir “maricón”- y se río. La verdad es que me sonroje, no tanto por lo que dije o por lo que opiné, sino por haberme puesto al descubierto sobre mis verdaderos sentimientos tan fácilmente.

La verdad es que a esas alturas del partido, la personalidad femenina era no sólo sentida y corroborada, sino que mis sentimientos ya no los consideraba como los de un “varón”. Pero acaso, por sentir esos sentimientos, ¿no sería una persona “transexual”? Explore mucho el tema y la verdad que a esta fecha, no creo haber tenido, no creo tener, ni creo tendré, “Disforia de Género”. Por el momento, “ahorita” como se dice, no tengo el más mínimo interés en procesar una “transición transexual”, ni realizar ninguna cirugía de reasignación sexual. Me interesa, eso si, lo que concierne a una “transición transgénero”, en los términos descritos en las otras entradas.


Pero….¿podré hacerlo?, ¿cuanto he avanzado en mi feminización? Son preguntas que después me las responderé. Por ahora, debí enfrentarme a un reto subjetivo mucho mayor. Yo había terminado reconociendo lo justo, legítimo y sobre todo, real, que es que a las personas HaM transexuales se les llame “mujer” (hay un debate entre ellas, si decirse “mujer transexual” o “mujer” simplemente). Yo no tengo dudas en eso. Pero, ¿llamarme a mi misma “mujer”? la consideraba la más grande de las osadías. Ser una personalidad “femenina” quizás, pero ¿”Mujer”?, ¿cómo, sino era transexual?

Ha sido en esta búsqueda que encontré la definición de lo que es ser una “mujer transgénero”, aquella que como yo, tiene una personalidad y una identidad de género que reconoce como femenina, aún cuando haya nacido biológicamente como “hombre” o como “varón” o mejor, como “macho” de la especie, que puede tener cualquier “preferencia sexual”, aún la “ginefilia”, que desea adecuar su físico para hacerlo congruente con su sexo psicológico o su “identidad de genero”, pero que no le interesa modificar, al menos por ahora, sus genitales, pero lo más importante, que desea intensamente hacer una vida social e intima congruente con su género, de manera permanente. Si eso correspondía, no tanto a mi situación real externa, la cual en verdad esta aún muy lejos de eso, sino a mi identidad, tome la valentía de autodefinirme como una “mujer transgénero”.

Y digo bien, valentía, por que quizás sea yo misma la más fiel testigo de mis resistencias y tercos reparos a asumir esa definición tan compleja y difícil como es la de ser “Mujer”, aún una “mujer transgénero”. Pero al igual que nuestra propia condición “transgenérica”, que no es una condición voluntaria ni arbitrariamente optada (si así fuera, cuanto llanto y sufrimiento hubiera podieramos evitar), así tampoco, mi auto-definición es voluntaria o arbitrariamente optada. Es simplemente reconocer lo que realmente siento y pienso. Lo que realmente soy.

Y juro que desde que decidí valientemente por esa auto-definición, que data tan solo de hace unos cuatro meses atrás, se podría decir que termine o cesó mi búsqueda. Es cierto, se han abierto decenas de nuevas interrogantes y se me han planteado o sumado otros retos y óbstaculos más, pero desde ese momento gozo de la tranquilidad y de la paz conmigo misma. Corroboro lo que las chicas con mayor entendimiento o sabiduría, habían dicho, que lo que se alcanza cuando una llega a conocerse y aceptarse, es esa tranquilidad y esa paz interior, pero en mi caso, no bastaba que alguien me lo dijera ni me lo aconsejara sabiamente. Debí emprender mi propia búsqueda y llegar por mi misma a esa primera meta.

Desde ese momento, con mi propia auto-aceptación, ahora ya es posible vivir mi propia vida, tal como se me ha dado, y vivirla lo más feliz posible. Eso intento.


*Las fotos fueron posteadas para el Grupo "Trujillo TV" por Jonathan, uno de sus más extraordinarios y admirados impulsores.



miércoles, 13 de febrero de 2008

lunes, 11 de febrero de 2008

Para salir de la Torre de Babel


No podría terminar de exponer mi lectura e interpretación de los dos “paradigmas” sobre el sexo y el género, sin mencionar algunas cositas que se me puedieran haber quedado, como suele decirse, en el tintero.

Lo primero es que existe un tercer sentido de la palabra “transgénero” y alude a su carácter o naturaleza “transgresiva”. Si actualmente se han generalidado actitudes y comportamientos orientados a “transgredir” a toda una cultura que nacio con la modernidad, la critica a la idea del género, como algo culturalmente construido, asume tanbien, esos rasgos "transgresivos" rompiendo los esquemas comunmente reconocidos.

Un personaje representativo de ese concepto “transgresivo” es la persona “Drag Queen”, que como todos saben, son personas que se visten y maquillan de manera exagerada y llamativa, para poner en cuestión los mismos conceptos de género, y con ello, el sistema binario de “hombre/mujer”. Es verdad que existen personajes de este tipo para fines de entretenimiento y de espectaculo, pero generalmente, la persona lo hace para transmitir una posición frente a los estereotipos sociales. Casi lo mismo se podría decir de las personas “sado/masoquistas/fetichistas”, pero en este caso, lo “transgresivo” no esta dirigido a la idea de género, sino más bien, a la formas tradicionalmente aceptadas del erotismo y el placer.

De más esta decir, que la persona “Drag Queen” y la persona “sado(masoquista/fetichista”, pueden tener cualquier "preferencia sexual" y al mismo tiempo, cualquier “identidad de género”, aún cuando su propósito sea, justamente, negarlos como concepto cultural o recrearlos de una manera mucho más agresiva. En ese sentido, creo que no se trata de “identidades”, ni fuera ni dentro de lo “transgénero” tal como lo hemos venido conversando. La idea de lo "transgenero" como "trasgresivo" incluíria no solo a Drag Queens, Sados/masoquistas/fetichistas, sino tambien a travestistas y transexuales. Es decir que, aunque minoritaria, la idea de lo "transgenero" como algo "transgresivo" implica incluir a toda actitud, conducta, identidad, etc., que ponga en cuestión la idea predominante de "genero" (como aquello que esta predeterminado por el sexo, esto es, por lo físico y lo biologico) y la reducción a dos y solo dos "generos-sexos": hombre/varon y hembra/mujer.

En segundo lugar, hay intentos interesantes de superar las ambigüedades y confusiones que se generan de los mismos conceptos, de la propia realidad y de las propias trayectorias de vida de cada quien.

Por ejemplo, en el caso de las instituciones ligadas a la Asociación Mundial de Lesbianas y Gays (ILGA) y su asociada en el Perú (la ONG Runa), han comenzado a utilizar tan sólo la palabra “trans” (un apocope en realidad) para englobar la identidad y experiencia de personas “travestis”, personas “transgéneros” y personas “transexuales”. Debo suponer que la lógica para esa utilización, es intentar salir de la ambigüedad de utilizar un mismo término (“transgénero”) para un concepto englobalizador y para una categoría particular o “identidad” especifica. Pero además, supongo que se sustenta en la idea de que estas tres “identidades” y trayectorias (“travestis”, “transgénero” y “transexuales”), de una manera u otra, de distintas maneras o en diversos grados, comparten una identificación con el género opuesto.

Un segundo ejemplo es de la página de la bella Laura Antonelli donde, si bien como dije en una entrada anterior, se ha abierto a la experiencia de personas “travestistas” y/o “crossdresser”, se alude preferentemente al término “TG/TS”, osea se colocan siempre juntos TG y TS, como si fuesen una misma identidad. Supongo que aquí la idea es hacer relativa la distinción entre personas “transgénero” y personas “transexuales”, ya que tal distinción pretende sustentarse en el hecho de portar o no, mantener o no, modificar o no, los "genitales" u "órganos sexuales externos". Esto es muy interesante, pues en realidad, cuando ambas trayectorias han avanzado en sus respectivos procesos de “transición”, “casi” no hay nada que los diferencie externamente. Creo, también, que esta idea es interesante por que traslada el problema de los “genitales”, al mundo de la interioridad y la privacidad de la persona. Esto es, a nadie debe interesar si la persona que se auto-identifica como del género “femenino” o “masculino”, habiendo nacido biológica y genéticamente “macho” o “hembra” de la especie, porta aún, genitales de “hombre” o de “mujer”. Eso es sólo de incumbencia y decisión intima de la persona. Haber decidido no hacerse una CRS, no hace menos mujer a una chica transgenero que una que haya decidido hacerlo.


Agregó otra cosita más. Creo que esto mismo debería hacerse extensivo con la “preferencia sexual”. Esto es, que la “preferencia sexual” no define ni determina la “identidad de género” de una persona, al menos de las que tenemos una identidad “cruzada”, y más bien, a nadie le debería importar si la persona en cuestión es “heterosexual”, “homosexual” o “bisexual”, “ginefílica”, “androfílica” o “ambifílica”. Esto es de entera incumbencia y responsabilidad de la propia persona y corresponde a su interioridad y privacidad. Aquí no podría hablar de aquellas “identidades” que tienen una definición sustentada, justamente, en su “preferencia sexual” y no en la "identidad de genero", como es el caso de las personas “gay”, “lesbianas” y “bisexuales”, y que junto con las personas “trans” o “transgénero”, hacen parte de lo que se reconoce como el mundo de la “diversidad sexual”. En el caso nuestro, como señalamos, sentirnos atraídos por otra mujer, no nos hace menos mujer ni nos "masculiniza" ni es un rezago. Más adelante pondre articulos y entrevistas de "mujeres transexuales" que defienden su legitima opción de amar a otras mujeres, como es el caso de la peruana Fiorella Cava.

Finalmente, una vez más, deseo recalcar que yo no estoy sosteniendo "mi - teoría” ni tampoco fundamentando una “verdad” propia y exclusiva, la que pretendo debe ser “reconocida y aceptada” por todos los que lean este blog personal. Para mi, eso es una aberrante imposición, que niega toda posibilidad de dialogo y de acuerdo. Muy lejos de eso, mi intención es que podamos salir de esta "torre de babel" donde generalmente terminamos confundidos, frustrados y sobre todo, sin poder comprendernos entre todos, y lo hago, retransmitiendo mis propios hallazgos, es decir, lo que yo encontré en los textos y como los reinterpreté, a la luz de mi propia experiencia. Nada más.

Por ejemplo, me gustaría que cuando se encuentren en dialogo una persona que usa el término de lo “transgénero” y una persona que usa el término “trans”, estén plenamente concientes que están utilizando categorías diferentes, no exactamente equivalentes, y que para poder entenderse y poner de acuerdo, hay que comprender lo que la otra persona nos quiere decir, a través del concepto que maneja o usa. No se trata de decir “no estoy de acuerdo contigo, por que para mi lo “transgénero” significa esto y aquello”, que es una actitud polémicamente negativa y destructiva de la otra persona con quien se dialoga, sino decir: “creo que el concepto de “transgénero” puede expresar más cabalmente mi realidad que el concepto de “trans”, por esta u otra razón, pero respeto las razones y criterios que tienes para utilizar ese termino, por que lo entiendo y se de que estas hablando”.

Esa es la base de un dialogo consensual que cobija las múltiples, diferentes y diversas experiencias de cada trayectoria de vida, en función de transformar lo que a todas y todos, en conjunto, nos estigmatiza, oprime, excluye, segrega y margina. Para mayor tranquilidad de la sociedad, esta prefiere hacer como que no existimos. Nos hace invisibles.

Más que en el “closet”, nos oculta bajo el tapete o la alfombra.....


Lo que yo he escrito hasta ahora, y lo que pienso escribir después, no resuelve los problemas terminológicos o conceptuales, sólo intenta ponerlos más claros. No es una tabla ni un esquema para que alguien se “clasifique” o “etiquete”, ni para sustraerle ni abreviarle el esfuerzo de su propia indagación, sólo coloca algunos puntos de referencia, para hacer más atenta, y quizás más agradable, su propia búsqueda.



jueves, 7 de febrero de 2008

"she-male" y "travestis"

Admiradora como soy de la belleza de las llamadas chicas “she males”, no se me habría podido dejar de pasar por la mente mi relación e identidad con respecto a ellas. Pero también, es el caso de las chicas que venden sexo en las calles de la ciudad, llamadas públicamente, sobre todo, por la prensa, como “travestis”. Como les conté en las primeras entradas de este blog personal, desde las primeras veces que ingrese las a internet, las chicas “she male” han sido y son un referente y una gran inspiración para mi. Ellas proyectaron la imagen de que era posible y real, ser una persona muy femenina y bella, a pesar de haber nacido, genética y biológicamente, varón.


Ellas también aparecen mencionadas en los textos que estoy glosando, en los cuales parecen, en el caso de Alejandra Zuñiga, como personas transgénero y en la página de Lynn Conway, como “mujeres transgénero”, y aparentemente es así, pero creo que en realidad, no se trata de una “identidad” relativamente homogénea como las otras. El tema es que todas ellas trabajan principalmente en la llamada “industria de sexo,” es decir en industria pornográfica y los clubs de espectáculos, y por otro lado, en la prostitución de variadas categorías. En los niveles más bajos de ese mundo, es donde comienzan y arriban esas chicas, cuando son echados de sus casas y es la única alternativa que tienen para poder sobrevivir, viviendo de manera muy marginada en los barrios bajos de las grandes ciudades.

De manera solamente didáctica, puede señalarse a un primer grupo de estas chicas, las cuales ganan buen dinero como prostitutas de alto nivel o “acompañantes,” (scort) y las más bonitas y talentosas consiguen hacerse actrices muy bien pagadas, llamadas más generalmente como “she male”, y un segundo grupo, que son las chicas que ejercen la prostitución de un menor nivel y que ofrecen sus servicios mayormente en las calles y moteles de las ciudades relativamente populosas, mayormente llamadas despectivamente como los “travestis”.

Hago alusión a la pornografía y a la prostitución, sin ningún ánimo ni moralista ni ético, sino por que creo que es, justamente ese mundo del comercio sexual, el que nos impide ver que se trata de personas de muy diversa trayectoria de vida e “identidad de género”. En la página de Lynn, se dice que en el mundo de habla inglesa no se está de acuerdo en cómo llamar a estas chicas y mujeres. Pueden ser llamadas “she-males” y las otras, “callejeras,” mientras algunas se llaman así mismas como mujeres transgénero o transexual. Muchas de las páginas de pornografía de entretenimiento adulto las presentan, efectivamente, como hermosas “transexuales”, aunque algunas sigan caminos de vida muy diferentes. Se dice también que en algunos ambientes se consideraba ofensivo el término “she-male”, pues se usaba deliberadamente para ofender mujeres transexuales preoperativas, pero algunas personas “variantes de género” (¿qué querrá decir eso?) ya lo están rehabilitando como una buena manera de describirse así mismas.

Además, como por medio de la pornografía “she-male” disponible en el internet, mucha gente se dio cuenta de la belleza y sensualidad de estas chicas, la palabra está volviéndose exótica en vez de despreciable. En los países donde se hablan idiomas románicos, como en le caso de la mayoría de países de América Latina, el término universal aplicado a estas personas es “travesti.”, con la consiguiente confusión, a que aludimos en otra entrada, con respecto a la persona “travestiste”. No se debe confundir a estas chicas que estamos describiendo, con las personas “travististas” o “transvestite en inglés, que quiere decir un varón heterosexual que se viste de mujer, debido a sus características ya descritas. Debido al aumento de inmigración a los Estados Unidos de gente latina, incluso allí se oye a veces la palabra “travesti” en vez de “she-male.”

En lo particular, me da la impresión de que tras las imágenes de “chicas con hermosos cuerpos femeninos”, se esconde una variedad de identidades de género. Seguramente, muchas de ellas son, efectivamente, “mujeres transgénero”, muchas de las cuales quizás comenzaron como “travestistas”, y aprovecharon ese tipo de trabajo, para realizar su “transición transgénero”, y no han faltado chicas que realizaron una “transición transexual”, en los términos descritos en una entrada anterior. Ellas “feminizaron” su cuerpo, se tratan hormonalmente bajo controles médicos, se hicieron operaciones cosméticas en partes de su cuerpo y en sus rostros, se eliminaron los vellos mediante variados métodos, y para mantenerse en lo que les exige la “industria del sexo”, se someten a exigentes regimenes de entrenamiento físico y dietéticos. Lo cierto es que la industria es tan productiva que los ingresos sirven para todo eso y más.



Aunque las “she male” vistas en su conjunto, se nos aparecen en sus imágenes como muy femeninas y se comportan de modo correspondiente, muchas no afirman ser mujeres TG o TS, ni tener identidades de género femeninas El rendimiento tan lucrativo de la “industria mundial del sexo”, es visto por muchas personas “travestistas” homosexuales y aún por personas “gay”, como un medio también para alcanzar un trabajo remunerativo y beneficioso, pero ello no implica modificar mayormente su “identidad de genero masculino”, por lo también realizan lo que para una persona transgénero sería una “transición”, esto es, ellos también se tratan hormonalmente, se realizan operaciones cosméticas (con la excepción fundamental de retener sus genitales masculinos funcionales), y se mantienen bajo exigentes entrenamientos físicos, pero no como expresión de su “identidad de genero” subjetiva, sino como exigencias de su trabajo, y es por ello que muchas “she male” no se proponen asumir la identidad ni el físico completo de una mujer. En efecto, aunque muchos usan hormonas femeninas, otros no los usan (o limitan su uso) para asegurar retener la función sexual del varón típico o del varón homosexual o bisexual también típicos.

De la misma manera, sugiero que vistas en su conjunto, las llamadas “travestis” de la calle y moteles, se nos pueden aparecer como una identidad homogénea, pero la prostitución callejera, de hecho, es un medio de sobrevivencia para personas “transgénero”, “transexuales”, “travestistas” homosexuales/bisexuales y por personas “gay”. Para las primeras, implica un recurso para manifestar y aún, defender, su identidad de género femenina y, por tanto, una fuente para costear su “transición transgénero” o su “transición transexual”. Pero para las personas homosexuales, “travestistas” y “gay”, además de un medio de sobrevivencia, ese tipo de prostitución no les implicará, necesariamente, modificar mayormente su “identidad de genero masculino”. En ambos casos, pero por razones diferentes, todos ellos se auto-administran hormonas femeninas (generalmente sin ningún control médico) y pueden realizarse pequeñas y baratas operaciones cosméticas (todos sabemos de la silicona y otros productos), para de esta forma aparecer como más atractivas a sus clientes.

Cuando las chicas “she male” llegan a acceder a los altos niveles de la “industria” de la pornografía mundial, logran escapar del mundo de la prostitución callejera, mundo al que la sociedad, con sus prejuicios y estigmas condena, casi irremediablemente, a las personas “transgénero”, “transexuales”, “travestistas” homosexuales y bisexuales, y homosexuales “gay”, cuando estos valientemente deciden salir del closet. Es por eso, que creo que ambos grupos tienden a separase y vivir hasta en ambientes relativamente distintos.

Es posible que en ciudades de países como Brasil, en América Latina, donde estos últimos forman comunidades por su gran número, más que una “identidad de genero”, se esta desarrollando una “identidad de grupo social” que se manifiesta en la idea de no encuadrar dentro de las dos categorías principales de género, y que se refieren así mismos como de un “tercer sexo y/o género”, o simplemente como “otro”, que es la forma generalizada de la identificación de la persona “gay”, sobre todo de los “gays afeminados”.

Aclaro inmediatamente: cuando digo “afeminado”, por favor, no me refiero peyorativamente a una conducta, sino que los “amaneramientos” y “gestos” femeninos cuando son sobreactuados o exagerados, son denominados “a-feminados”, justamente, por que no se corresponden con los verdaderos gestos femeninos. Y es esto lo que también permite distinguir, dentro del mundo gay, a gay con conductas muy masculinas (generalmente, los “gay” que aún siguen en el “closet”) y los “gays afeminados” (generalmente aquellos abiertamente declarados como tales). Y no es una mera casualidad, que en esas circunstancias, haya una mayor fluidez y superposición, entre la comunidad “travesti” y la comunidad “gay”.

En muchos casos, esta identidad de grupo o comunidad, es una fuente de mucho orgullo y realización para ellos.

miércoles, 6 de febrero de 2008

"Transición Transgenero" y "Transición Transexual"

Me parece importante que hablemos sobre la “transición” que se les plantea realizar o realizan, las personas “transgénero” y las personas “transexuales”. Creo que este tema ayuda también a visualizar las distinciones entre ambas “condiciones” o “identidades”.

En primer lugar, la idea de realizar una “transición” es un tema común para las personas transexuales y el culminarla implica que puedan ser consideradas como “mujeres transexuales” o simplemente una mujer. Hasta donde conozco, es un merito de la página de Linn Conway el de mencionar y tratar el tema de la “transición” que lleva a las personas “transgénero” a ser consideradas como “mujeres transgénero” o también, simplemente, como una mujer.

El Internet ha tenido un profundo efecto en el mundo TG al haber estimulado una rápida propagación de los conocimientos acerca de la “transición”, y al permitir compartir la información al respecto. Con el advenimiento del Internet y la amplia difusión y disponibilidad de información electrónica acerca del transgenerismo y transexualismo, muchas personas TG ahora omiten los clubes gay y los ambientes de travestis heterosexuales durante sus primeras exploraciones de género. En su lugar, acuden a orientadores de género y a la ayuda de grupos de apoyo TG, y de esta manera exploran tranquilamente y casi de manera anónima, las opciones para modificar el género y para una eventual “transición transgénero”. Algunas chicas intensamente transexuales (TS) también pasan por una transición TG y viven como mujeres TG durante largos períodos de tiempo, antes de someterse a una cirugía de reasignación sexual.

¿En que consiste la transición transgénero? Esta no requiere la "autorización" de ninguna autoridad, sin embargo generalmente se efectúa con la asesoría de un orientador de género. La persona MtF que efectúa su transición TG, trabaja muy duro para “feminizar” su apariencia y modales tanto como le sea posible, y consiste en la posibilidad de tomar hormonas femeninas, eliminar el vello facial por medio de electrólisis, ajustar la voz y muchas otras conductas. Algunas personas “transgénero” también se someterán a cirugías cosméticas en partes especificas de su cuerpo, como la cirugía de feminización facial (CFF), para mejorar la apariencia del rostro y del busto.

Una vez que estos cambios han avanzado lo suficiente, la persona puede efectuar una “transición social”, al vestir permanentemente las ropas correspondientes a su nuevo género, cambiando legalmente su nombre, y haciendo que toda su documentación legal sea rectificada con los nuevos datos, por supuesto, en aquellos países que lo permitan. Aún existen muchas dificultades en este camino, ya que la sociedad aún no acepta o no se acomoda a alguien que aparentemente se encuentra físicamente "en medio" de los dos géneros estándar. No obstante, en algunos casos las “mujeres transgénero” han logrado llevar a cabo su transición con mucho éxito en la vida, han hecho buenas carreras y también han encontrado maravillosas parejas, demostrando las posibilidades de éxito de una transición transgenéro sin necesidad de una CRS.

Este tipo de transición puede permitir a gente TG encontrar alivio y un sitio más cómodo en la sociedad. Y, como no se han sometido a una cirugía transexual, pueden mantener sus genitales de origen y disfrutar legitimamente de ellos, y entrar en una relación sexual con una pareja de cualquier sexo o género.

En los casos más intensos de transexualismo, la trayectoria inicial de las chicas TS puede parecer similar a la de las personas TG. Sin embargo, la resolución final de su condición requiere algo más que una reasignación social y hormonal. La única manera conocida de resolver la condición transexual es cambiar completamente el sexo físico para igualarlo a la identidad de género innata del sujeto. Esto quiere decir someterse a una "transición transexual", que en el caso de las personas transexuales MtF implica cambiar el cuerpo de un chico por el de una mujer. Esto se hace tomando hormonas femeninas y sometiéndose a una cirugía de reasignación para reconstruir los genitales de varón a hembra. La transición transexual está conducida bajo un protocolo médico formal que requiere orientación, terapia hormonal, y una "experiencia de vida real" de al menos un año viviendo y trabajando en el nuevo género, antes de que el paciente sea recomendado para la CRS.

En los Estados Unidos existen al menos unas 32,000 a 40,000 mujeres transexuales post-operadas. Cada año, cerca de 1,500 a 2,000 residentes norteamericanas se someten a la cirugía de reasignación, así que el número total se está incrementando rápidamente. Muchas de estas mujeres han experimentado una vida exitosa después de su transición TS. Pero se considera que la cantidad de "mujeres transgénero", y la cantidad de "transiciones transgenéricas", es muchas veces mayor que la de las "mujeres transexuales". Por lo tanto, es muy probable que existan muchos miles, quizás varios millones, de personas transgénero en los Estados Unidos.

Algunas personas TG que están “transicionando” migran hacia un papel social "transgénero" en vez de intentar “pasar” como mujeres. Sin embargo, no creo que las personas TG “se sientan poco cómodas con la idea de convertirse completamente en hembras en cuanto a presentación y comportamiento”. No se trata de que se sientan “poco cómodas” con modificar sus genitales, ni tampoco creo que “se sientan en la necesidad de jugar un papel social transgénero como sinónimo de “andrógino”, tal como lo señala la página de Lynn Conway.

Por el contrario, frente a sus limitaciones sociales y familiares (pues han hecho un trecho de su vida pública y privada como varones), ellas luchan poco a poco, pero denodadamente, por alcanzar cubrir la brecha entre su aspecto físico y su “identidad de genero”, y si por ellas fuera, en lo inmediato realizarían una “transición social”.
Lo que pasa es que la mayoría de “personas transgenero” nunca sintieron una obsesiva y hasta compulsiva aversión a sus genitales, (Disforia de Genero).


Más bien, no tanto en un sentido sexista, aprecian y valoran el cuerpo con el que nacieron. Para ellas, nunca ha existido una separación mental ni metafísica entre el “cuerpo” y el “alma”. Ellas quieren “feminizar” su cuerpo, pero no desean ni creen posible “cambiarlo por otro,” y de igual manera, la mayoría considera como materialmente imposible que ellas puedan convertirse, mediante la “magia” de la cirugía, en mujeres idénticas a las mujeres biológica o en "hembras" en el sentido sexual y reproductivo del término, con el fin de pasar inadvertida entre ellas. Ellas quieren ser ellas mismas, tal y como se sienten y les dicta sus sentimientos genéricos femeninos.

Las “mujeres transgénero” desearían no permanecer en un estado de visible “transición” entre dos imágenes sociales, la de hombre y mujer, si no tener una imagen y una conducta definidamente femenina, de mujer. Pero ante todo, se sienten muy cómodas con su “identidad femenina”, aunque por el momento, debido a los prejuicios y la falta de aceptación y desconocimiento sobre la realidad de que existan personas nacidas como varón pero que tienen una “identidad femenina”, suelen estar involucrados con gente de la comunidad transgénero y no tanto entre las mujeres biológicas.

Pero no son pocas las que se proponen pasar socialmente como mujeres, pero sin haberse sometido a CRS, algunas incluso, tienen éxito al asimilarse finalmente como mujeres socialmente, sin importarles las formas del acto sexual, al cual consideran algo intimo y que solo a ellas compete.

En resumen: Una persona transgénero MtF (Hombre a Mujer) se somete a una “transición" física, conductual y social de género, para poder vivir como una “mujer transgénero” en su día a dia, mientras que una persona transexual MtF se somete no sólo a una transición social de género, si no también al cambio de sus genitales (a través de CRS), para poder vivir plenamente y funcionar como una mujer biológica en su vida sentimental íntima.

Las personas transgénero no deberían sentirse obligadas a decir que son "pre-operativa" o "no-operativa", o que inadecuadamente deben presentarse como "pos-operativa". Debería ser válido decir "Soy una mujer transgénero" si ésta es tu verdadera identidad interna. No debería decirse que la “transición transgénero” es una transición “incompleta”, mientras la “transición transexual” es una transición “completa”. Es la propia persona, transgénero quien fija sus metas, pero en todo caso, es una transición específica y con sus propios fines y metas.

De modo similar, no se debería decir nunca a aquellas chicas TS que tienen la necesidad de someterse a una transición TS que "se están suscribiendo a una visión estereotípica de la feminidad", o que "deberían estar perfectamente contentas como "ella-varón’” y no deberían someterse a la "cirugía mutilante" de la CRS. Algunas personas de las comunidades gay, lesbiana, feminista, e incluso TG dirán cosas así de terribles a jóvenes chicas TS desde un desconocimiento total de la profundidad de los sentimientos transexuales de estas chicas y su necesidad de una transición de género transexual.

En el fondo, cada una tiene que estar libre de emprender cualquier modificación de género que tenga que hacer, basándose en sus propios sentimientos internos – ya sea que decidan una “transición TG” o someterse a una “transición TS”. Cada uno debería ser libre de poder establecer la identidad de género que mejor le conviene, sin presiones indebidas de los demás, y sin que la sociedad le margine por vivir en esa identidad. También debería poder ser libre de reconocer, abiertamente, su identidad de género auténtica, no importa en qué parte del espectro de género se halle, en vez de tener que esconderlo o de sentir presión para falsificarlo.


Es de esperar que algún día, se reconozca la validez y autenticidad del estado de género de las personas transgénero, y otorgarles su sitio en la sociedad , como viene siendo el caso en los países más avanzados, donde ya se ha aprobado, entre muchas cosas, por ejemplo, el cambio de nombre en los documentos de identidad de las “mujeres transexuales” que ya han procesado una CRS.


Al respecto, termino esta entrada, resaltando la tenaz y valiente posición de la bella actriz Laura Antonelli , quien viene liderando en España, una lucha para que ese derecho al cambio de nombre, no tenga como requisito haberse sometido a una CRS. Es, pues, una lucha por visibilizar los derechos y la existencia misma, de la “mujer transgénero”.


martes, 5 de febrero de 2008

Las personas "transgéneros" como identidad específica

Sea desde la perspectiva del primer “paradigma”, como un posible caso fallido en la socialización e interiorización subjetiva del género, o en la perspectiva del segundo “paradigma”, como una posible falla ocurrida en las etapas tempranas de la gestación, por lo cual nacen niños con un sexo neurológico y una identidad de género innata opuesta a la que indican sus genes y sus genitales, no hay duda de que en algunos casos desde muy temprano y otros, muy posteriormente, existen personas que habiendo nacido como varones, cuentan con sentimientos genéricos y la identidad genérica de mujeres.

Pretendo hacer visible una "situación", "condición" o "identidad", muy particular, que lastimosamente, por ahora, no tiene un nombre propio, por lo que generalmente, conlleva a una gran confusión. Se les suele denominar “transgénero” aludiendo a un caso específico, pero repitiendo de manera literal el término “transgénero” que alude a un concepto englobalizador de varias categorías.
Esta es una propuesta de indagación a partir de mi propia experiencia personal, pero que espero exprese la de otras personas, es más, tengo la sospecha de que es la experiencia de una gran mayoría de personas con una “identidad de genero femenina”.

Con ese propósito, realizó una lectura si se quiere relativamente arbitraria de ámbos "paradigmas". Por un lado, retendré la idea de Alejandra Zuñiga en cuanto que se trata de una “categoría específica y particular” pero ubicada dentro de lo “transgénero”. No asi su idea de que se trata de una categoría “intermedia”, “mezclada” y hasta “ambigua”, entre dos únicos géneros posibles: hombre y mujer, pues aquí vuelve a aparecer oculto la dicotomía que reducce la determinación del género por el sexo.

Por otro lado, asumiré la idea de la autora de los artículos correspondientes a la página de Lynn Conway, acerca de que la “identidad de género femenino” o de mujer, no se reduce a las personas denominadas “transexuales”, sino que existen personas con distintos grados de esa “afectación transgenérica”. Puede que las personas transexuales sean quizás las más afectadas, pero en todo caso, no serían las únicas: ¿cuales son los otros casos de “afectación transgenérica”? No así la idea, aun no demostrable (aunque yo no tengo ningún tipo de prejucio o premedita negación de esa idea) de que tal “efecto transgenérico” se encuentre predeterminado, física y biológicamente por aquel problema prenatal.
En síntesis, deseo hace visible a la “mujer transgénero”. Veamos si puedo lograrlo.

En la sección denominada “TRANSGENERO” de la página de Lynn Conway, se menciona que el “efecto transgenérico” sucede quizás en uno de cada 200 o 400 nacimientos y que quizás, en uno de cada 50 niños, el "efecto transgenérico" está presente en cierto grado pero es menos pronunciado- y esto ocurre tanto en chicos como en chicas. Todos estos niños son vistos como normales y por ello serán educados de acuerdo a los criterios de género que, se supone, les corresponde según su sexo biológico.


Para un sector de estos niños, como hemos visto antes, ser educados en el género equivocado va a causarles una profunda Disforia de Género y una profunda angustia mental a medida que van creciendo, como es caso de las personas "transexuales" (TS), siendo estas las más intensamente afectados dentro los transgénero (TG). Para otro sector de estos niños, lo más probable es que puedan haber nacidos con sentimientos, formas de ver las cosas, de relacionarse con los demás y ciertas sensibilidades, las que en la sociedad y en la cultura en la que se desenvuelven, han sido adscritas como sensibilidades”, supuestamente propias e inherentes al “género” opuesto al suyo.

La mayoría de estos dos sectores de niños transgénero, tendrán severos problemas de adaptación personal al obligárseles a seguir un rol genérico estricto. Quizas para el primer grupo, desde muy temprano, esos sentimientos son claramente orientados hacia lo femenino. Pero el otro grupo de niños, no será claramente conciente de esos “sentimientos” y “sensibilidades” que hacen parte de su personalidad, aunque por lo general, se sentiran a sí mismos como medio “raros” con respecto a los demás niños. En ámbos casos, esos sentimientos y sensibilidades, pueden ser auto-reprimidas por estos mismos niños por que reciben la idea de padres, amigos, profesores y compañeros de escuela, que el poseerlas sólo puede significar que son “homosexuales”. Esta posibilidad asume un carácter “terrorífico”, debido a los prejuicios machistas que imperan en la sociedad y que refieren a éstos como “maricones” y que por definición, son “cobardes”, “traidores”, “inmorales” y “pecadores”.


Ellos se verán obligados a comportarse siguiendo las normas sociales de lo que es ser “un hombre”, o sea, “un macho”. Pero eso, de ninguna manera les evita graves problemas de adaptación que, en esas condiciones, se manifiestan no abiertamente como problemas de género, sino como serios “problemas de conducta” individual y social, de alcoholismo, drogadicción, agresividad, violencia, de timidez, de inmadurez, etc., lo que hace que en su juventud, sean “inmaduros” para manejar sus relaciones de enamoramiento y hasta noviazgo con sus parejas, chicas biológicas.

Algunos jóvenes, quizás intentarán "convertirse en gays" y de ser aceptados en la comunidad masculina “gay”, cuando en la realidad esto raramente funciona. Los hombres “gay” buscan hombres como parejas, no personas cuya “identidad de género” es femenina. La última cosa en el mundo en la que podría convertirse un joven HaM es en un hombre “gay”, quien es, en lo relativo a su masculinidad y a sus partes masculinas, ¡incluso más que el hombre promedio. Quizás puedan refugiarse en la idea de ser “gay pasivos”. Otros jóvenes transgénero quizás encuentren maneras secretas para travestirse con ropa de chica como una manera de explorar y disfrutar sus sentimientos, frecuentemente lo harán desde mucho antes de la pubertad. La necesidad de mantener un absoluto secreto acerca de su travestismo, son en general una fuente de tremenda angustia, ansiedad y depresión para estos chicos.

En todos estos casos en que las personas son educados bajo los criterios de una idea de género que esta en contraposición a su propia personalidad integral, buscaran pues relacionarse con mujeres biológicas, pero se avergonzarán y se sentirán tan humillados por sus tendencias femeninas que van a esconder esos "terribles y secretos deseos" a todo el mundo, y sobre todo, incluso a ellos mismos durante un largo, largo tiempo. Pero en términos generales, son obligados a "actuar" un rol que les cercena la integridad de sus sentimientos y sobre todo esas sensibilidades consideradas socialmente como “femeninas”.

Se ha dicho que el nombre para la forma intensa de aquellos sentimientos reconocidos desde temprano por la persona como “femeninos”, es la Disforia de Género, una profunda ansiedad que sienten las personas obligadas a vivir en el género equivocado. Para otras personas, el “travestismo” puede significar una forma de expresión de sus sentimientos transgénero, la mayoría de las veces, sin tener conciencia de ello. Cuando se práctica un travestismo completo y frecuente, se ira tomando conciencia de sus “sentimientos” y “sensibilidades” hasta re-descubrirse así mismas como “personalidades femeninas” integrales.


A diferencia de la persona “travestiste” que no pierde su identidad de genero masculino, la persona “transgenero” reconoce que porta una “identidad de género” opuesta a su sexo físico o biológico, esto es, una identidad de genero femenino. La autora de la página de Lynn Conway señala que es muy común en nuestros días que jóvenes TG inicialmente se piensen a si mismos como varones travestis y sean atraídos a esa escena, pero sólo cuando ha pasado el tiempo, se dan cuenta que no solamente están interesados en el travestismo por la auto excitación sensual sino que “hay algo mas que eso”. Y sintiendo que no son como la mayoría de los varones travestis en cuanto a la “identidad de género”, empiezan a confrontar su real situación. Una vez que se esta conciente de lo que realmente se es, se abandona el ambiente travesti y se intenta entrar en interacción con orientadores especialistas en género y grupos de apoyo TG.

Cuando de esta manera la persona encuentra algún grado de paz interior y autoaceptación, ella puede continuar por ese camino. Y al igual que las personas transexuales, por lo general, estas personas transgéneros decidirán adecuar tanto su físico y como su rol social, a dicha identidad de genero femenina. Es por eso que se habla de un proceso de “feminización”. Para ello, puede efectuar cambios sociales adoptando permanentemente la vestimenta del género que desea y cambios físicos tomando hormonas, realizándose operaciones o cirugías en partes especificas de su cuerpo, aunque en términos generales, no les atrae ni tampoco deciden, someterse a una cirugía de reasignación (CRS) para modificar sus genitales originales, alcanzando de esta manera, una “transición” que la autora de la página de Lynn Conway llama “transición transgénero”.

En la actualidad esta “transición transgénero” es efectuada anualmente por muchas personas que ahora viven con el género en el que se sienten más a gusto, sin importar modificar sus genitales. Ciertamente, supongo que se puede dar el caso de “mujeres transgénero” que deciden efectuar una cirugía de reasignación de sexo (CRS) pero en tal caso, pasarían a ser “transexuales secundarias”, lo cual es completamente válido y muy legitimo, a condición, creo yo, que en el transcurso de su trayectoria de vida, hayan desarrollado una profunda y verdadera Disforia de Genero. Pero, así como en el caso de las personas transexuales, que pueden ser definidas como “mujeres transexuales”, así mismo, esas personas transgénero pueden ser definidas como “mujeres transgénero”, pues lo fundamental aquí, no es lo físico, no son los genitales, sino la “identidad de género”, y ésta es una “identidad femenina”.

En lo que concierne a la preferencia sexual, he señalado que para esta identidad, la nomenclatura más precisa es la que refiere a la “ginofília” (atracción hacía mujeres), la “androfilia” (atracción hacía los hombres) y “ambifilia” (atracción hacia hombres y mujeres). En el caso de las personas “transgénero”, es también posible encontrar cualquier tipo de preferencia sexual, incluyendo la asexualidad. Al igual como señale para el caso de las personas “transexuales”, creo que aun no esta claramente establecido cual es la preferencia mayoritaria y cual la minoritaria, aunque tengo la sospecha que tanto la “ginofilia” como la “ambifilia” son ligeramente mayoritarias que la “androfilia”. Igualmente, es importante romper con la idea prejuiciosa de la existencia de relaciones “homosexuales” y reconocer la legitimidad, sin ningún tipo de menoscabo para su condición de mujer y de su “identidad femenina”, el que una “mujer transgénero” se siente atraída sexualmente por una “mujer biológica”, una “mujer transexual” u otra “mujer transgénero”.


Las trayectorias de las “mujeres transgénero” varían en cuanto a forma de una manera considerable de persona a persona, dependiendo de muchos factores que incluyen no tanto la intensidad de su condición, si no la del ritmo y los métodos iniciales para expresar su condición “descubierta”, la misma que está en intima relación con los obstáculos y limitaciones sociales y familiares que cuentan en su vida cotidiana, pues como vimos, la mayoría de ellos fueron obligados a vivir gran parte de esa vida como varones, creyendo tener una identidad masculina, y sobre todo, esforzándose por lograr una “performance” masculina normal, con lo cual, intentaban ocultarse, inconcientemente, sus propios “sentimientos” y “sensibilidades” que les son innatos, pero que la sociedad y la cultura, se los atribuyo solo a las personas del sexo opuesto.

A manera de resumen, se diría que en tanto identidad especifica, las “mujeres transgénero” se diferencian de las personas “fetichistas de prendas femeninas” y de las personas “travestistas”, en que la utilización de vestimenta femenina pasa a un segundo plano y la “identidad de género femenino” descubierta, pasa a constituirse en lo fundamental, pues es la que ahora define a la integridad de su personalidad. Al mismo tiempo, si bien comparte con la identidad “transexual” esa identidad transpuesta o cruzada, no desarrolla una Disforia de Genero que le lleve a plantearse, de manera obsesiva y como fundamental, el modificar sus genitales originales.



lunes, 4 de febrero de 2008

Las personas "transexuales"

En este grupo encontramos personas cuya identidad es "traspuesta" o "cruzada", es decir, una persona que tienen una identidad contraria al de su cuerpo físico. La persona experimenta molestia o desagrado (discordancia) con el cuerpo que tiene, el cual no coincide con su identidad y sus sentimientos de género. Es decir personas que nacieron con un cuerpo de hombre pero cuya “identidad de genero” es femenino, o sea, la de una mujer, o personas que nacieron con el cuerpo físico de una mujer, pero con una “identidad de genero” masculino, o sea, de un hombre. En tal situación, lo que la persona busca es modificar su cuerpo para que se adecue a su identidad, particularmente sus órganos sexuales.


Aquí encontramos dos subgrupos. Los y las llamadas “transexuales primarias”, que son aquellos que desde que tuvieron uso de razón y adquirieron una identidad genérica, ésta fue una identidad “transpuesta”, por lo que podemos considerar que su identidad mayor fue la femenina en el caso de las “mujeres transexuales” y la masculina, en el caso de los “hombres transexuales”. Usualmente esta identidad se adquiere entre los tres y cuatro años de edad, tal vez más tarde, pero rara vez después de los diez años. Por otra parte, encontramos a las “transexuales secundarias”, que son aquellas cuya identidad de genero transpuesta se fue consolidando al paso de los años.

En el grupo “transexual” encontraremos que las personas tienen una profunda aversión por los órganos sexuales con los que nacieron en razón de que estos no coinciden con su “identidad de género”. Este sentimiento tiende a ser más pronunciado en las “transexuales primarias”. Cabe aclarar, que lo que conceptualmente hace a una persona transexual, no es el que se reasigne o no los órganos sexuales, sino el deseo de hacerlo y adecuar su cuerpo a su identidad. Algunos autores hablan de transexuales pre o post operados o incluso de no operables.



Desde una visión clínica, una persona nacida con un cuerpo masculino es considerada un hombre, y si esta persona se vive como mujer se habla entonces de un “hombre transexual” o de un caso de “transexualidad masculina”, colocando como principal criterio el sexo biológico. Desde una visón diferente, la de primar la “identidad de género”, por el contrario, se deberá decir que se trata de una “mujer transexual” y de un caso de “transexualidad femenina”, primando, como se ha dicho, el género sobre el sexo y la vivencia de la persona sobre la categoría biosocial.





Para evitar estas confusiones, es frecuente hablar de una “transexualidad de masculino a femenino” o “de femenino a masculino”, según el caso. En el ejemplo dado hablaríamos de “transexualidad de masculino a femenino”. Para “mujeres transexuales”, es decir de “masculino a femenino” puede anotarse así: en castellano “M a F” o “MtoF” en inglés. Para “hombres transexuales”, es decir de “femenino a masculino” puede anotarse así: “F a M” en español o así “FtoM” en inglés.


Para el caso de la preferencia sexual, con fines descriptivos, se considera recomendable utilizar una nomenclatura útil para todas las personas “transgénero”, pero que parece ser mucho más necesaria en el caso de las personas “transgénero” (como categoría especifica dentro de lo “transgenérico” en general) como en el caso de las personas “transexuales”. La nomenclatura clásica refiere a cuatro tipos de preferencia sexual conocidas: heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad y asexualidad. La nomenclatura más precisa para estos casos es la que refiere a la “ginofília” para la atracción hacía mujeres, la “androfilia” para la atracción hacía los hombres y “ambifilia” para atracción hacia hombres y mujeres.

En el caso de las personas transexuales, es posible encontrar cualquier tipo de preferencia sexual, incluso una asexualidad. Desde mi punto de vista, aun no esta claramente establecido cual es la preferencia mayoritaria y cual la minoritaria en las personas transexuales. Aunque teórica o lógicamente, se espera que en el caso de las “mujeres transexuales” sea mayoritaria la “androfilia”, tampoco debe ser tan minoritaria la preferencia de “ginofilia”, aunque en el caso de “hombres transexuales” si deben ser mínimos los casos de atracción “androfílica”.

O sea, que en términos donde se prime el sexo biológico original o de nacimiento, esto se vería como si se tratase, más bien, de una preferencia “homosexual”, puesto que, desde este punto de vista, una persona nacida biológicamente como “hombre” se sentiría atraído sexualmente hacia otro hombre y una persona biológicamente nacida como “mujer” se sentiría atraída sexualmente hacia otra mujer. La cosa cambia cuando lo que se hace primar es la “identidad de género” y no el “sexo”. Desde esta perspectiva, una persona nacida biológicamente como “hombre”, es una “mujer” en cuanto a su “identidad de género”, no teniendo una atracción “homosexual” por otro hombre sino que se considera que es una atracción “heterosexual", pues se trata de una “mujer transexual”.

Lo más importante es romper con una errónea idea común de pensar que las mujeres y hombres transexuales, tienden a ser exclusivamente “heterosexuales”. Y quizás más importante es empezar a reconocer la legitimidad, sin ningún tipo de menoscabo para su condición de mujer y de su “identidad femenina”, el que una “mujer transexual” se siente atraída sexualmente por una “mujer biológica” u otra “mujer transexual”.

Tengo la impresión de que la mayoría de la gente tiene una percepción completamente equivocada de lo que es ser una persona transexual, en este caso, de una “mujer transexual”. Se tiende a pensar que es una actitud voluntaria o arbitrariamente decidida por la persona. Por otro lado, se le ve como una persona que opta por esa condición con fines meramente eróticos o declaramente sexuales. Nada más equivocado. Basta reflexionar sobre su vida antes de proceder a una cirugía de resignación de sexo. Y sobre todo, no se reflexiona su situación después que ésta se ha efectuado. Considero que es desde el segundo “paradigma” el que mejor describe esa trayectoria de vida.

Desde esa perspectiva, dentro de las personas transgénero (globalmente considerados) las personas transexuales son las más intensamente afligidas. Sienten fuertemente que son, o deberían de ser, del género físico opuesto al género en el cual nacieron y vivieron su infancia. Realmente sienten que el cuerpo con el que nacieron no coincide con sus sentimientos interiores de género ni con la imagen de quienes son o quienes desean ser, ni tampoco están cómodos con el papel de género que, basado en este cuerpo, la sociedad espera que desempeñen .

La mayoría están dolorosamente conscientes de la incongruencia de su género desde su muy temprana niñez. La mayoría de personas no visualizan los sentimientos profundos y las pasiones que conducen a un adolescente transexual (en este caso, un transexual Mujer a Hombre) a cruzar la línea divisoria de género. Las alegrías que sienten cuando son aceptados y encuentran el amor al otro lado, así como el terror y las humillaciones que les esperan si alguna vez se descubre su condición.

Desde muy jóvenes, el comportamiento de esconder los genitales les permite experimentar una sensualidad femenina muy común en jóvenes chicas trans. En cuanto se hacen mayores y empiezan a masculinizarse por efecto de la testosterona, llega el momento en el cual ya no pueden esconder, de ellos mismos ni de otros, los efectos de la terrible transformación que sus cuerpos están forzados a sufrir. A partir de este momento muchos experimentan una intensa ansiedad y angustia emocional. Así, mucha gente transexual se siente casi claustrofóbicamente atrapada y destinada a vivir el resto de su vida "encarcelada en un cuerpo equivocado" a menos que puedan corregir la situación con hormonas sexuales, cirugía de reasignación de sexo y una transición física completa.



El mayor ahelo de una "mujer transexual" es vivir su vidas en el género correcto, no sólo en lo social sino en sus vidas íntimas también - y dentro del cuerpo idóneo para sus sentimientos internos de género. Esto significa, modificar su cuerpo e integrarse al mundo social como toda mujer normal, enamorarse, casarse y conformar una familia.Muchas "mujeres transexuales" prefieren no identificarse como "transexuales" sino como simplemente como "mujeres" y otras que han logrado integrarse como a la sociedad, viven con el permanente temor de ser puestas en evidencia.

Se considera que existen ahora modernos y dramáticos avances en medicina y cirugía que han posibilitado una corrección completa de los conflictos de género de transexuales intensas. De ello hablaremos cuando tratemos el tema de las “transiciones”.




(Fotos de transexuales famosas: Lili Elbe (Alemania), Christine Jorgensen (EE.UU.), Coccinelle (Francia), Bibi Andersen (España), Candis Cayne (EE.UU.), Kelli Van De Veer (Holanda), Tista (India), Chen Lili (China; Haruna Ai (Japón), Jin Xing (China) y Harisu (Japón)

sábado, 2 de febrero de 2008

Las personas "travestistas" o "crossdresser"

Nuestra segunda categoría es quizás la más “popular” de las categorías dentro de lo “transgénero”. sin embargo, uno de los grandes obstáculos que generalmente conducen a una frustración en la búsqueda de nuestra identidad personal, es la gran confusión que genera dicho término al ser usado en varios idiomas, pues responde, paradójicamente, al hecho cierto de que una gran mayoría de varones lo practican en una escala interplanetaria y mundial, y lo ha venido haciendo desde tiempos lejanos y desde muy lejos en la historia de la especie humana.

Así que si tú sospechas ser “travesti”, lo primero que debes saber es que para nada debes pensar que eres la “única” persona que lo hace. Lo hacen miles y miles de varones en el mundo. Lo que a mi me sorprende, más bien, es que una gran mayoría de varones lo hagan y sin embargo, siga siendo un tema tabú, que siga tan oculto y tan estigmatizado públicamente.

Pero vayamos a esa confusión de partida. El termino “travesti” es una derivación popular de las palabras “travestismo” y “trasvestistas” que, a su vez, son una castellanización de las palabras francesas “travestisme” y “travestie”, que significan, simplemente, una persona (hombre o mujer) que utilizan prendas socialmente aceptadas como de un genero opuesto al suyo. Igualmente, esas palabras francesas fueron traducidas al inglés con las palabras “transvestism” y “transvestite”, pero como poco a poco estas palabras cayeron en desgracia debido a la estigmatización social y psiquiátrica que llegaron a comunicar, fueron reemplazadas poco a poco por las palabras “crossdressing” y “crossdresser” respectivamente.

Debido a que en varios países latinoamericanos de habla hispana, la prensa comenzó a llamar “travestis” a aquellas personas que ejercen la prostitución callejera y que además las identificaba como “homosexuales”, las personas “trasvestistas” han preferido denominarse a sí mismas como “travestis heterosexuales” como en el caso de México, o han asumido las palabras en inglés “crossdressing” y “crossdresser”, como en el caso de Argentina.

El termino “travesti” y el de “crossdresser”, originalmente debieran ser asumidas como correspondientes a la palabra “travestiste”, y no hace referencia a ninguna identificación de genero, ni tampoco a ninguna opción o preferencia sexual. Por tanto, no refiere, necesariamente a una persona con “identidad transpuesta”, ni tampoco refiere a personas que de alguna manera, han modificado su físico de acuerdo a su identidad genérica, ni muchos menos refiere, necesariamente, a la personas que modificando su físico y vistiendo ropas femeninas, ejercen la prostitución en la calle. En realidad, estas últimas personas son personas “transgenero” (una categoría “específica” dentro del concepto “general” de “trangenero”)

Aquí encontraremos personas cuyo “travestismo” puede variar desde el parcial que utiliza sólo algunas prendas, hasta el completo, que comprende un atuendo femenino integro. La frecuencia en el uso de la “vestimenta cruzada” va desde la ocasional a la frecuente sin que llegue a ser de tiempo completo. El grado en que una imagen pasable del género traspuesto es conseguida varía desde, lo que convencionalmente podemos considerar absurdo hasta lo convencionalmente convincente y atractivo. En algunos casos la práctica del travestismo conlleva la obtención de placer sexual, sin que esta sea una condición generalizable. Independientemente del logro obtenido en la obtención de una imagen convencional aceptable.

El varón “travesti” nunca pierde de vista que es un hombre. Su presentación femenina puede ser entendida en términos de expresión de una “parte femenina” que requiere manifestarse ocasionalmente, y a la cual, por lo general, le dan un nombre femenino, tendiendo a identificarla en “tercera persona”, como cuando dicen: “Maria es muy sensual” o “cuando Maria aparece me siento bien”, pero sin olvidar que la mayor parte de si, en términos de su propia identidad, es masculina, por lo que se sienten a gusto con su cuerpo masculino al que muy rara vez buscaría modificar en una dirección femenina. Puede llegar a fantasear con ello, pero definitivamente, no dará un paso que tenga un carácter más o menos permanente o irreversible. Pues la mayor parte del tiempo se siente a gusto con ser varón y requiere de la expresión de un rol y una imagen convencionalmente masculinos.

La observación de campo parece confirmar el hecho de que en este grupo encontramos una mayor preferencia heterosexual (ginefílica), una menor preferencia bisexual (ambifílica) y una muy reducida preferencia homosexual (androfílica). Aquí es importante aclarar uno de los grandes mitos en torno al travestismo. Se piensa que todos los varones homosexuales o “gay”, son “travestis” y que todos los hombres “travestis” son homosexuales o “gay”. La realidad es otra. La gran mayoría de los varones homosexuales o “gay”, no gustan, ni practican el travestismo y la mayoría de ellos mantienen una imagen que en términos convencionales puede describirse como masculina. Por el contrario, la gran mayoría de varones “travestistas” tienen una preferencia sexual heterosexual.

Un hecho que las observaciones parecen confirmar, es que entre más “completo” sea el “travestismo” y mayor la frecuencia y el tiempo que se pasa con una “vestimenta cruzada”, mayor será la proporción de identidad femenina que podamos encontrar, pero en este caso, ésta proporción de “identidad femenina” siempre es menor proporcionalmente a la identidad “masculina”, en el total de la personalidad de la persona en cuestión.

El “travestismo” visto de esta manera podría definirse como una condición humana en la cual una persona utiliza indicadores genéricos de género traspuesto, principalmente ropa, con la intensión de sentirse bien o estimularse sexualmente. Se considera que la utilización de tales indicadores genéricos se convierten en una necesidad inherente a la persona y no meramente en un acto voluntario opcional.

En resumen, el varón “travestísta” o “crossdresser”, nunca pierde de vista que es un hombre. Su "travestismo" o "crossdressing", le produce una fuerte excitación emocional, no necesariamente de tipo sexual. En algunos casos la práctica del "travestismo" conlleva la obtención de placer sexual, sin que esta sea una condición generalizable. Su presentación femenina puede ser entendida en términos de expresión de una “parte femenina” que requiere manifestarse ocasionalmente, pero sin olvidar que la mayor parte de sí, en términos de identidad, es masculina. Se siente a gusto con su cuerpo masculino el que muy rara vez buscaría modificar en una dirección femenina, puede llegar a fantasear en ello, pero definitivamente no dará un paso que tenga carácter más o menos permanente o irreversible, pues la mayor parte del tiempo se siente a gusto y requiere de la expresión de un rol y una imagen convencionalmente masculinos.

Estos serian los elementos definitorios clave de este grupo o categoría independientemente de la orientación sexual, ya que podemos encontrar cualquiera tipo de preferencia sexual, siendo la mayoría la heterosexual.

Finalizo con la idea de que de acuerdo con algunas investigaciones, se ha observado que algunos varones travestis que al paso de los años de una práctica continua y recurrente de su “travestismo”, su sentido de “identidad genérica”, puede cambiar y derivar en una “identidad de genero femenino”, implicando su firme deseo de modificar su físico (“feminizarlo”) para adecuarlo a esa “identidad de genero opuesto”, lo que lo haría ser una persona “transgénero” (en el sentido específico) o quizás, una persona “transexual” secundaria.

Las personas "fetichistas de prendas femeninas"

La primera categoría que debemos considerar, y que es un tanto polémica en cuanto a ser considerada dentro de lo “transgénero”, es el caso de las personas que aquí llamaremos “fetichistas de prendas femeninas”.

Es sabido que una persona "fetichista", en general, es aquella que se siente atraída o gusta de un objeto en particular, que puede o no, revestir una manifestación erótica. Tales objetos denominados “fetiches” suelen ser muy diversos y pueden no referirse únicamente a atuendos femeninos, sino todo lo contrario, a objetos de muy diversa índole, aun cuando se las pueda usar para fines eróticos y sexuales.

En esta primera categoria, se esta pensando en varones que derivan placer sexual de la observación o manipulación, específicamente, de prendas femeninas, y que mayormente concentran su atención en ropa interior o de lenceria femenina, tales como truzas, calzones, pantaletas, brasier, medias y pantymendias, siendo también son muy frecuentes los fetichistas de zapatos.

Existen dificultades para diferenciar a una persona “fetichista” en general, de una persona “fetichista de prendas femeninas”. Un criterio de distinción será saber si la persona en cuestión, solamente manipula tal prenda femenina pero sin ponérsela, o por el contrario, no solo la manipula sino la porta. Si no se la pone, es bueno denominarlo solamente “fetichista”, aun cuando el objeto de su atracción sea una prenda femenina, pero si se pone esa prenda, con cierta frecuencia, puede pensarse en una conducta “transgenérica”, aunque definitivamente, no exista una “identidad de género transpuesta”.

La persona “fetichista de prendas femeninas”, muy rara vez llega a un “travestismo completo” y si este se da, no se mantiene. Los casos más frecuentes se dan como una especie de “travestismo parcial”. Es el caso de varones que sienten placer al colocarse o usar trusas o tangas femeninas, y que pueden portarlas con cierta frecuencia bajo el atuendo masculino.
Es por eso que la mayoria de las entendidas en el tema, considera esta conducta como una categoría aparte del “travestismo”, lo cual no quiere decir, que con el tiempo éstas puedan realizarse como personas “travestis” y cuyo "travestismo" tiene como una sustento mayor, esa atracción y sensación erótica por el uso de prendas femeninas, como veremos luego.
Desde mi punto de vista, lo más resaltante e importante en este caso, es que la persona generalmente reafirma completamente su “identidad de género masculino” y no se plantea una identidad “transpuesta”, o sea de “género femenino”, más allá quizás, de un breve momento erótico y de placer.