domingo, 25 de octubre de 2009

Las personas trans combaten el discrimen a través del arte

Con el eslogan “PARE, la transexualidad no es enfermedad” se inició en Quito el Octubre Trans Ecuador 2009. Una campaña que se realiza a nivel mundial para detener la fobia contra este colectivo conformado por los transexuales, transgénero, travestis, intersexuales, bisexuales, o en resumen: “trans en el cuerpo, trans en el género y, sobre todo, trans en la cabeza”; como aseguró Ana Almeida, miembro del proyecto Transgénero.

En el marco de esta campaña, empezaron las Jornadas de Activismo Artístico Político, que según explicó Cayetana Salao, actriz, utilizan las expresiones del arte para que la sociedad viva “una realidad que no puede ser invisibilizada por más tiempo”.

La primera jornada se dio el sábado, a las 16:00, en la Michelena, una calle emblemática del sur de Quito y siempre abarrotada de gente. En medio de la multitud, en una esquina, un grupo de personas montó su escenario: un neceser con maquillaje, taburetes para un improvisado salón de belleza y un paraguas negro sobre el que se leía “Técnicas de belleza trans”.


Cayetana, travestida de hombre, saludó a los transeúntes e invitó a que se atrevan a hacer lo mismo que ella. “Señores, ¿quién no se ha vestido de viuda el 31 de diciembre?, ¿quién no ha explorado el otro lado de su sexualidad vistiendo como el otro género? Le invitamos a cambiar, a probar, a convertirse en un guapo caballero o en una bella dama, para que se dé cuenta que vestirse de hombre o mujer no interfiere en lo que es usted como persona”.

Ante el llamado la gente se agolpó y aunque al principio nadie aceptaba la invitación de Cayetana, tras unos minutos, de la parte de atrás de la multitud salió Jorge Sáenz para “dejarse llevar” y comenzar su maquillaje.

Del neceser salieron sombras de ojos, delineadores, collares y gel que hicieron que Jorge vaya tomando facciones femeninas. Mientras las risas de quienes observaron surgían, él siguió.

Solo después de acabada la sesión se atrevió a responder a las carcajadas: “Yo soy un hombre, y no por maquillarme voy a dejar de serlo”. La respuesta, sin embargo, no fue suficiente para su amigo Luis Tapia. Él le acercó un pañuelo y le ordenó limpiarse porque parecía “maricón”.

Después sus comentarios siguieron. Para Luis, esas cosas “son raras” y aunque en la Michelena hay “personas a las que les gusta vestir como mujercitas; uno siempre debe guardar la distancia”. Y dijo, convencido, que no debería darse espacios a los trans, pues “sus ideas podrían contaminar a los niños”.

Pero es precisamente esa contraposición de situaciones lo que busca la campaña al invitar a heterosexuales a cambiar su vestimenta por la del género opuesto, ya que, según Ana Almeida, aún falta que la sociedad conozca el tema trans para que empiece a respetar a “los cuerpos distintos con derechos iguales”.

Por eso Cayetana sigue en su tarea. Ese mismo sábado, por ejemplo, explicó a unas 50 personas que “ser trans no es ninguna enfermedad, ni un trastorno o un trauma”, por eso no deben considerarla una patología mental.

A Dayán Méndez le pareció “una bestia” (excelente), lo que escuchó y por eso decidió dejarse travestir como hombre. Engrosó sus pómulos y la mandíbula; se puso un bigote, una ‘chiva’ y una corbata. Dayán quedó convertida en varón.

“Todo lo que dijeron se relaciona con lo que respeto y pienso. Se habla de igualdad, pero solo de boca para afuera porque la sociedad maltrata a los que no entran en lo que se considera ‘normal’, y luego, con ideas retrógradas, se transgrede todo derecho humano”, manifestó.

Y ella, a diferencia de Sáenz, sí recibió apoyo. Su amigo Carlos Altamirano aplaudió la iniciativa porque es en la calle donde “caminan, trabajan y son abusadas estas personas, y en este mismo sitio deben reivindicar sus derechos”.

Al escucharlo, Cecilia Suárez también opinó sobre el tema. Para ella, si bien la convivencia con las personas trans es cotidiana en las calles, nunca falta quien las agreda. Algo que, para ella, sucede por la falta de información: “Aquí todos conocemos que existen estas personas, solo que nadie entiende qué sienten, pero eso no es nuestra culpa porque nadie nos explica y a veces los trans se sienten atacados si les preguntamos algo para saber”.

Alejandra Moreira, miembro del proyecto Transgénero, aseguró que el arte aplicado en la campaña será una forma de llegar a todos de una forma didáctica y no agresiva: “De una manera directa, pero sutil, las personas verán nuestro arte e irán entendiéndonos y respetándonos cada vez más”.

Dayán Méndez

Estudiante universitaria

“Se habla de igualdad, pero solo de boca para afuera porque la sociedad maltrata a aquellos que no entran en lo que se considera normal”
Lucía Real Hidalgo lreal@telegrafo.com.ec Reportera - Quito


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